En 37 de los 50 estados de E.U. se está sembrando marihuana

Octubre 10 de 2007

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Foto: Archivo / EL TIEMPO
La DEA ha destruido 4 millones de plantas y decomisado 26.400 kilos de la droga en Estados Unidos. En el 2006, ese Gobierno invirtió 4.000 millones de dólares para erradicarla.

En ese país narcocultivos llegan a 50 mil hectáreas, la mitad de las que hay con coca en Colombia. Siembras crecieron tras ataques del 9-11, que cerraron fronteras.

Como en Colombia, donde la coca ha invadido los parques naturales, en Estados Unidos las reservas forestales están amenadas por un narcocultivo en pleno desarrollo: el de marihuana.

Para siquiera comenzar a entender las gigantescas proporciones de ese problema en E.U. basta con revisar algunas cifras: de acuerdo con estudios recientes, el costo de los cultivos supera los 35 mil millones de dólares anuales.

Eso equivale a 70 veces los aportes anuales de Washington para la lucha contra el narcotráfico en el país.

De hecho, el cultivo de cannabis se perfila como el más grande y rentable de la Unión. Más que el del maíz y el trigo combinados, según un informe realizado por el académico Jon Getman.

En total, revela el mismo estudio, hay casi 67 millones de plantas de marihuana sembradas; la mayor parte, un 85 por ciento, está en parques naturales y el resto en casas y otras edificaciones, muchas de ellas en cultivos hidropónicos.

Aunque no existe un estimado de eso cuánto representa en hectáreas, expertos consultados por EL TIEMPO indican que sumando aquí y allá, podrían ser unas 50 mil hectáreas. Más o menos la mitad del área que en Colombia se dedica a la coca. Y eso solo representa el 70 por ciento de la droga que consumen en E.U., pues el resto del mercado lo proveen cultivos de Canadá y México.

¿Epidemia? Si no lo es, está muy cerca de serlo.

El fenómeno, dice Jack Nelson, encargado del Programa Contra la Marihuana (CAMP) en California, no se explica por un aumento del consumo de la droga, pues este indicador ha permanecido relativamente estable a lo largo de la última década.

"Lo que pasa -dice Nelson- es que los narcos se dieron cuenta de que era mucho más rentable y menos riesgoso producir la marihuana en territorio estadounidense que traerla de otro país".

La expansión de los cultivos se aceleró tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 contra Washington y Nueva York. En su esfuerzo por prevenir nuevos ataques, las autoridades reforzaron los controles fronterizos con México y Canadá y eso se reflejó en decomisos de grandes cantidades de la droga.

Los narcos se adaptaron. "Decidieron utilizar el vasto sistema de parques naturales que hay en el país, la mayoría en zonas remotas en donde la presencia estatal es mínima", dice Nelson.

En ese proceso se encontraron con una gran población de inmigrantes ilegales que les ha servido como mano de obra para cuidar los cultivos, recoger la cosecha y llevar la droga hacia los mercados.

Ecocidio y violencia

Hasta hace pocos años, los sembrados eran un problema focalizado en California por su clima, cálido la mayor parte del año.
Pero hoy hay 37 estados, de los 50 de la Unión, donde se han detectado cultivos. Según el estudio de Getman, en 12 de ellos la marihuana es el principal producto agrícola.

Como en todo los países productores, una lista en la que ya se cuenta Estados Unidos, el negocio ha llegado con dos problemas adicionales: violencia y destrucción del ecosistema.

Según un reporte de la DEA, en el 2006 fueron arrestadas 7.500 personas relacionadas con la producción y tráfico de la hoja. A ellas les quitaron unas 4.000 armas, entre rifles de asalto y pistolas.

Detrás del negocio, dicen los investigadores, están los carteles mexicanos.

"Los defienden a muerte, pues se trata de un negocio que mueve mucho dinero -advierte un agente-. Una libra de marihuana vendida en la calle puede costar 5.000 dólares. Destruirles una plantación puede hacerles perder hasta un millón, más los costos de la infraestructura".

En las grandes reservas se está repitiendo el ecocidio que los narcos han hecho en Colombia. Su primer paso es la tala o quema de la flora para adaptar el terreno y son diseñados complejos sistemas de irrigación que muchas veces implican redireccionar ríos o quebradas. Además, usan grandes cantidades de fertilizantes, cuyos residuos envenenan fuentes de agua.

Y las autoridades se están tomando en serio la amenaza. Unos 4.000 millones de dólares fueron invertidos en el 2006 en programas contra el narcótico.

A pesar de eso, el panorama no es alentador. En el 2005 se destruyeron 4 millones de plantas y decomisaron 26.400 kilos de la hoja. Pero si en realidad hay 67 millones de plantas, eso significa que en un año solo se toca el 5 por ciento del negocio.

De acuerdo con la DEA, los narcos -como en Colombia- se han adaptado a la persecución y ahora siembran en parajes más remotos, bajo la sombra de grandes árboles o en laderas que hacen más difícil su detección y erradicación.

Con un impedimento adicional, que podría sonar a doble moral: toda la erradicación se hace a mano, pues E.U. no utiliza la fumigación con químicos para controlar los cultivos ilegales. En palabras de funcionarios de la DEA, la fumigación no es una alternativa pues acabaría con el bosque aledaño. Los cultivos, explican, no son tan concentrados como los de la coca en Colombia y suelen estar mezclados con la vegetación de los Parques Naturales.

"Defienden los cultivos a muerte. Mueven mucho dinero. Destruirles una plantación puede hacerles perder hasta un millón de dólares".
Jack Nelson, del Programa Contra la Marihuana (CAMP) en California.

Cannabis: sube consumo en Suramérica

A pesar de la dinámica de la producción de estupefacientes en el mundo, por ejemplo con la renovación constante de drogas sintéticas, el mercado ilegal de la marihuana sigue siendo el más grande.

Se calcula que hay 160 millones de personas que consumen la hierba en el planeta, que se estaría produciendo en 172 países. En el 2005 se produjeron 45.000 toneladas métricas, según informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

La producción se centra en Marruecos (África), en la región del Asia sudoccidental y en el Medio Oriente, especialmente en Afganistán y Pakistán. El bloque de Canadá, E.U. y México es otro polo de sembrados.

En Colombia, las hectáreas cultivadas alcanzan las 2.000, según la Policía Antinarcóticos, muy por debajo de los cultivos de coca.

En lo que tiene que ver con el consumo de marihuana, el 7,6 por ciento de los menores de 18 años del país es comprador de esa sustancia, como lo revela una reciente encuesta del Ministerio de la Protección Social.

Para las Naciones Unidas ha habido una disminución del tráfico transnacional y además se está recurriendo cada vez más a la producción interna, algo que ha influido en la disminución de incautaciones a partir del 2005.

Entre los otros factores están el aumento de las actividades de erradicación y el contexto de la estabilización de la demanda.

En América del Norte y África se siguen concentrado las incautaciones de cannabis, con el 66 por ciento y el 16 por ciento, respectivamente.

¿Y cómo está el consumo? Ha crecido en África y en los países de América del Sur y ha disminuido en Oceanía, Europa y Asia.

Una explicación posible, según Francisco Thoumi, investigador de la Universidad del Rosario, es que en Occidente el consumo de marihuana se ha mantenido porque, relativamente, es una droga socialmente aceptada.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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