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7 de Septiembre - GRAN MARCHA NACIONAL EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA


Rechacemos el nuevo proyecto de Ley de Educación Superior que pronto se presentará al congreso por parte del Gobierno de Juan Manuel Santos cuyo principal propósito es continuar profundizando las políticas Neoliberales de privatización de las Universidades y avanzar en la reproducción de las condiciones que determinan el descenso progresivo de la calidad de los programas ofrecidos por estas.

Estamos convencidos de que es el estado el único responsable y capaz de garantizar el derecho a una educación de calidad, científica, democrática y al servicio del pueblo. Es hora que la educación pase a un primer plano en el acontecer político nacional y que se le otorgue la importancia que se merece dentro del proyecto de país que queremos las mayoría de los Colombianos, un país soberano, mas equitativo, con una justa distribución de la riqueza, un país próspero, de oportunidades ,de plenos derechos y que satisfaga las necesidades básicas de sus pobladores.

La Universidad Popular del Cesar, desde sus estamentos, como directa perjudicada y como escenario del pensamiento, debe participar en la construcción del movimiento social que apunte a lograr estas trasformaciones, por lo tanto, llamamos a toda la comunidad Upecista a sumarse a esta gran jornada de movilización nacional exigiendo una mayor financiación para la U pública y por supuesto para nuestra institución.

La MESA AMPLIA ESTUDIANTIL estableció que la concentración para la marcha se realizará este 7 de septiembre a partir de las 8:00 a.m. en el campus Universitario de Sabanas desde donde partirá el recorrido hasta la Gobernación del Cesar.

¡Todos a marchar este 7 de Septiembre en defensa de la Educación Pública en Colombia!

Sergio Muñoz (Presidente OCE-Unicesar) Pregunta a Sergio Fajardo en la UPC.



Sergio Muñoz, presidente de la OCE-Unicesar, formula dos interrogantes al candidato presidencial Sergio Fajardo, de visita en la Universidad Popular del Cesar. Todavía estamos esperando las respuestas.


"Todo lo que se puede pensar se puede pensar claramente, todo lo que se puede decir se puede decir claramente" Wittgenstein, amigo del gran lógico matemático Bertrand Russel.

Colombia aislada




Nación. A pesar de que Uribe tenía razón, al país no le fue bien en Unasur.

Una de las exigencias que hizo Álvaro Uribe cuando llegó a Bariloche a la cumbre de Unasur fue que la totalidad de los debates fuera transmitida en directo por televisión. Sus interlocutores accedieron y muchos observadores consideran que al Presidente le habría ido mejor si no le hubieran hecho caso. Porque a pesar del optimismo con que llegó y de la seguridad que tiene en sí mismo como expositor en circunstancias difíciles, en esta ocasión no le fue muy bien.

La verdad es que tal vez era imposible que le fuera bien. Uribe tenía la razón en términos de las preocupaciones de los colombianos, pero esas no eran las que tenían los Presidentes de los otros países de Unasur. Lo que ellos querían escuchar no era una exposición sobre los problemas domésticos del país, trágicos sin duda, sino sobre las implicaciones geopolíticas de la presencia de tropas norteamericanas en el vecindario.

Uribe trató de tranquilizarlos sobre ese punto, pero no lo logró. Su primer discurso fue una presentación sobria y bien documentada de lo que ha representado para el país el flagelo de medio siglo de violencia y recientemente del narcoterrorismo. Todo lo que dijo era verdad y dio ejemplos conmovedores de la barbarie a la que han llegado los grupos armados. Agregó que a eso se sumaba ahora un problema de consumo de estupefacientes que ponía en peligro el futuro de la juventud. Y reiteró una vez más lo que significaba que los subversivos pudieran refugiarse al otro lado de las fronteras para atacar a Colombia y regresar a la seguridad de sus guaridas en territorio extranjero. Registró su preocupación por el hecho de que ante todas esas evidencias la mayoría de los miembros de Unasur no considerara terroristas a las Farc y que en algunos casos hasta les diera tratamiento de aliados políticos.

Sobre la presencia de soldados norteamericanos en bases colombianas expresó una vez más la posición oficial del gobierno en el sentido de que no tenía propósito alguno diferente de combatir el narcoterrorismo, que no afectaba la soberanía colombiana y que no ponía en peligro a ningún país del continente.

La intervención fue escuchada con respeto, pero no pareció cambiar el punto de vista de ninguno de los presentes. Al fin y al cabo, era lo mismo que Uribe le había explicado a cada uno de ellos en la gira relámpago de hace unos días. Lo único que les importaba a ellos era el alcance de las bases. A Colombia, por el contrario, lo que le interesaba era que ese tema fuera tratado como parte de un paquete que incluyera el suministro de armas a grupos ilegales, la carrera armamentista en la región y los acuerdos militares de otros países. Pero al final de la sesión estos puntos terminaron siendo absolutamente marginales. Toda la cumbre gravitó en un punto: qué iban a hacer los gringos en Colombia.

En su segunda intervención, Uribe arremetió contra Chávez al traer a cuento sus amenazas guerreristas y su homenaje póstumo a 'Raúl Reyes'. Esto, que fue lo que más les gustó a los televidentes colombianos, fue mal recibido en Bariloche y le dio la oportunidad a Chávez de no contestar y presentarse como el moderado y el agredido, cuando siempre ha sido lo contrario. Cuando llegó el momento de la foto, la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández, tuvo que arrastrar a Uribe para que se uniera al grupo, pues era evidente su disgusto con lo transcurrido. Posteriormente, el gobierno reclamó un triunfo alegando que se habían conseguido algunas importantes victorias. Entre estas estaban que logró incluir en la declaración la necesidad de fortalecer la lucha contra el terrorismo y el tráfico de armas, que no se relegara a la OEA y que no se rechazó el acuerdo con Estados Unidos. Sin embargo, para los que vieron toda la jornada en televisión, las concesiones que obtuvo Colombia dieron la impresión de haber sido aceptadas más como contentillo que por convicción, para que Uribe no quedara en el banquillo de los acusados.

Los discursos
A pesar de que no fue una encerrona porque Colombia contaba con algunos países que querían ayudarle, ninguno de los presentes estaba dispuesto a apoyar sin reservas la versión de las bases que ofrecía Álvaro Uribe. O más aun: ninguno de los Presidentes ve con buenos ojos la presencia militar de Estados Unidos en el continente.

Unos lo decían más de frente que otros. Evo Morales, hablando no tanto como jefe de Estado sino como líder indigenista cocalero, echó una perorata primaria contra el imperialismo yanqui, teñida de lucha de clases y de reivindicaciones históricas. Fue el más radical de todos los presentes y pidió abiertamente el rechazo a cualquier presencia militar norteamericana en el continente, propuesta que no prosperó.

Hugo Chávez estuvo más moderado que de costumbre y, aunque desplegó su carisma y su buen humor, esta vez no fue la estrella del día. Su intervención, sin embargo, sí aportó un elemento nuevo para los presentes. Fue el Libro Blanco del Comando de Movilidad Aérea de los Estados Unidos. En este se revelaba la necesidad que tenía Estados Unidos de tener acceso a algunas bases militares en Suramérica, como parte de la estrategia geopolítica de defensa nacional de ese país. Algunos apartes de ese documento impactaron en el recinto. La base de Palanquero, en Colombia, fue descrita como un punto estratégico clave para la "movilidad" de las plataformas norteamericanas. Aunque el documento no es secreto y estaba en Internet, nadie contradijo a Chávez en su afirmación de que el acuerdo tenía más alcance para Estados Unidos que la simple lucha contra el narcoterrorismo colombiano.

La impresión que el Presidente venezolano le dejó al auditorio era que la versión oficial del gobierno colombiano era solamente la mitad de la historia. Las bases obviamente van a ser utilizadas en la lucha contra el narcoterrorismo y sin duda le servirán a Colombia en ese propósito. Pero también constituían una ficha muy importante en el ajedrez geopolítico de lo que él denomina el "imperio".

Leyó párrafos y párrafos de diversos documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos. La mayoría eran incomprensibles para el televidente raso. Pero también aparecían frases que aparentemente le daban la razón. Se afirmaba que desde Palanquero podían salir aviones enormes de transporte C-17 que podrían cubrir todo el continente menos el Cabo de Hornos sin tener que tanquear, se agregaba que desde ese punto de enlace también se podría llegar al África. Se registraba que en Brasil había un sitio óptimo para otro punto estratégico, que era la ciudad de Recife, pero que por la relación política que hay en la actualidad con ese país no se tiene acceso a ese lugar.

La presentación que hizo Chávez de que la cooperación de Colombia y Estados Unidos era un elemento de "la plataforma global de dominación del imperio" fue considerada exagerada por los términos utilizados, pero la connotación de que había intereses estratégicos y militares norteamericanos en el acuerdo sí caló en el auditorio.

La medalla de oro en términos de oratoria se la llevó Rafael Correa, que con verdades, medias verdades y exageraciones refutó prácticamente todos los argumentos de Uribe. Los puntos centrales de su intervención fueron que la lucha contra Estados Unidos es un fracaso y ellos son las víctimas y no los victimarios del fenómeno de la violencia en Colombia. Algunos de estos elementos no eran nuevos, pero el Presidente ecuatoriano estaba inspirado, su discurso estuvo lleno de frases efectistas, a tal punto que logró el único aplauso de toda la reunión cuando mencionó que gracias a bases militares extranjeras se pudo llevar a cabo el ataque británico contra las Malvinas en una invasión que todo el continente repudió menos Estados Unidos, el Chile de Pinochet y Colombia.

Cristina Fernández actuó más como anfitriona que como expositora de fondo, pero en lo poco concreto que dijo dio muestras de que su corazón estaba en el bando de Hugo Chávez y Correa.

Los neutrales fueron Perú, Chile y Brasil. Alan García estuvo a la altura de su reputación de gran orador. Como en el pasado y como aliado de Estados Unidos, apoyó a Colombia. Pero este apoyo fue relativo, pues le introdujo el elemento adicional de la verificación de las bases por parte de los miembros de Unasur, lo cual era casi seguro que el gobierno de Colombia no aceptaría. Michelle Bachelet estuvo neutral y amistosa, pero su intervención fue bastante floja y su exceso de diplomacia la llevó a un callejón sin salida: no dijo nada de impacto.

Y Lula, cuya nueva posición como líder de América Latina lo ha convertido en el hombre que tiene la última palabra, estuvo lúcido, profundo y constructivo. Respaldó a Colombia a través de su apoyo vehemente a la teoría del respeto a la soberanía nacional, pero agregó que para tranquilidad de todos era necesaria una garantía jurídica de Colombia y de Estados Unidos de que ninguna de las actividades llevadas a cabo desde esas bases iría más allá de las fronteras colombianas.

Tal vez su mayor aporte fue hacer una reflexión histórica sobre las relaciones de América Latina con el Primer Mundo y registrar cómo en el pasado los países latinoamericanos se tenían desconfianza los unos a los otros y para su seguridad buscaban alianzas con Estados Unidos o con Europa. Ahora, según él, hay una nueva realidad del siglo XXI, que es la solidaridad del continente y la independencia frente a potencias externas. Y, quedó claro, Brasil se va a encargar de liderar ese nuevo paradigma.

Pudo ser peor
En este último punto que tocó Lula radica el verdadero meollo del asunto. Durante el medio siglo que duró la Guerra Fría, prácticamente todos los gobiernos latinoamericanos eran aliados de Estados Unidos para evitar la llegada del comunismo. La OEA fue creada precisamente para eso y su principal objetivo era evitar la expansión de la revolución cubana que tenía simpatizantes en todos los sectores de izquierda del continente y amenazaba con extenderse como una mancha de aceite.

El héroe de ese momento era Kennedy, e iniciativas como la Alianza para el Progreso lograban neutralizar en gran parte el sentimiento antiyanqui que siempre, en una u otra forma, ha estado presente en América Latina. Y que se fue engendrando en la región debido a las innumerables intervenciones militares y económicas de Estados Unidos en el continente.

En esas décadas representaba el peligro la figura rebelde de Fidel Castro, cuyas conquistas revolucionarias y carisma personal aterrorizaban a las clases dirigentes, Ese espectro pareció haberse desvanecido al desaparecer el comunismo después del colapso de la Unión Soviética y al caer el muro de Berlín.

Por lo anterior no deja de llamar la atención que la cumbre de la semana pasada en Bariloche parecía ser la gran victoria final del agonizante Fidel Castro. Como el Cid Campeador, quien derrotó a sus enemigos después de muerto, Castro en su sudadera azul debió sentirse muy satisfecho de ver a la mayoría de los jefes de Estado latinoamericanos utilizar la misma retórica antiimperialista que él creó y rechazar cualquier tipo de presencia de Estados Unidos en el continente bolivariano.

Lo paradójico de todo este viraje a la izquierda y de esta bola de nieve antiyanqui es que coincide con la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama, el Presidente más progresista que ha tenido Estados Unidos en la historia reciente.

Se podría decir como conclusión de la cumbre de Unasur que pudo haber sido mucho peor. Que se evitó un cruce de insultos o una condena contra Colombia. Que al final todos hablaron de paz y de solidaridad con el país. Y que sin duda alguna le fue muy bien ante los televidentes colombianos, pero ante los Presidentes que asistieron a la cumbre no tanto. La otra realidad es que Uribe salió tan aislado como había llegado. En ese contexto, sigue siendo el niño diferente. Lo que más le interesaba a Colombia, que era la condena al intervencionismo de Chávez, no sucedió y el tema prácticamente no se tocó. Hubo muchas relaciones públicas, pero no hubo cambio de puntos de vista. Uribe llegó con la razón, pero no se fue con la victoria.

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El arte de imitar

Opinión| 30 Ene 2009 - 8:40 pm

Mauricio García Villegas

Por: Mauricio García Villegas
LOS PAÍSES, COMO LAS PERSONAS, imitan a los demás; sobre todo a los más grandes, a los más poderosos, a los que más saben.

Eso está bien; las sociedades que confían demasiado en sí mismas viven en medio de una autocomplacencia paralizante. Pero no basta con copiar a los demás; hay que copiarlos bien. Adoptar mal una buena idea puede ser peor que quedarse bien tranquilo con las malas ideas de siempre.

Digo esto pensando en las innovaciones que está llevando a cabo Barack Obama en los Estados Unidos: promoción de energías alternativas, ampliación del sistema de seguridad social, inversión masiva en educación y mejoramiento de la infraestructura, para sólo citar las más importantes. ¿Qué impacto tendrán esas buenas ideas —que tal vez son más europeas que gringas— en nuestras élites sociales y políticas? Seguramente muy grande; lo que no sabemos es si será un impacto bueno o malo.

De los Estados Unidos hemos copiado muchas cosas —no siempre por voluntad propia, es verdad— pero en lugar de obtener los resultados previstos, casi siempre nos hemos quedado con una copia degradada del original. Me limito a dar dos ejemplos.

El primero es el del transporte terrestre. En Colombia adoptamos el modelo gringo de vehículos impulsados por gasolina. Para ello importamos los carros y los camiones que se necesitaban, pero no hicimos las autopistas que ese modelo requería. Resultado: no sólo acabamos con los trenes y los tranvías, sino que nos quedamos con un sistema de transporte deficiente, cuando no simplemente colapsado.

El segundo es la educación superior. En la primera mitad del siglo XX nuestro sistema universitario parecía estar adoptando el modelo europeo: una gran universidad pública, con estándares de calidad iguales y acceso gratuito. Pero en la segunda mitad del siglo casi abandonamos ese modelo y empezamos a adoptar el gringo: muchas universidades con niveles de calidad muy diferente y con acceso restringido por méritos (los mejores estudiantes llegan a las mejores universidades). Pero nos quedamos con el peor sistema posible: un conjunto jerarquizado de universidades, buenas, malas y pésimas, en donde el ingreso, con la excepción de la universidad pública, no se hace por méritos, sino por plata (a las mejores universidades sólo llegan los ricos).

Podría citar otros ejemplos, como la privatización de la seguridad social, la penalización del consumo de drogas o la liberalización a ultranza de la economía, en donde copiamos de los gringos ideas simplemente malas. También podría citar ejemplos en los cuales dejamos de imitar lo que allá funciona bien, como es el caso del sistema nacional de parques, los correos o las bibliotecas públicas.

Pero sólo voy a terminar diciendo que copiar ideas o instituciones es un asunto muy serio. No sólo requiere de buen criterio para apreciar el valor de esas ideas, sino de mucho conocimiento sobre las condiciones en las cuales van a ser aplicadas. Eso de que el país está sobrediagnosticado es una mentira; a lo sumo está mal diagnosticado.

Llevamos muchos años copiando mal ideas buenas, copiando bien ideas malas o simplemente dejando de copiar ideas buenas. Ahora que, por primera vez en muchos años, nos empiezan a llegar propuestas innovadoras e interesantes de los Estados Unidos, deberíamos tratar de tomar en serio la idea de copiarlas bien.

* Profesor de la Universidad Nacional e investigador de DeJuSticia (www.dejusticia.org)

  • Mauricio García Villegas

¿El fin del neoliberalismo?

Por Joseph E. Stiglitz
EL MUNDO NO HA SIDO PIADOSO CON el neoliberalismo, ese revoltijo de ideas basadas en la concepción fundamentalista de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos eficientemente y sirven bien al interés público.
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Ese fundamentalismo del mercado era subyacente al thatcherismo, a la reaganomía y al llamado “Consenso de Washington” en pro de la privatización y la liberalización y de que los bancos centrales independientes se centraran exclusivamente en la inflación.

Durante un cuarto de siglo ha habido una pugna entre los países en desarrollo y está claro quiénes han sido los perdedores: los países que aplicaron políticas neoliberales no sólo perdieron la apuesta del crecimiento, sino que cuando sí crecieron, los beneficios fueron a parar desproporcionadamente a quienes se encuentran en la cumbre social.

Aunque los neoliberales no quieren reconocerlo, su ideología reprobó también en otro examen. Nadie puede afirmar que la labor de asignación de recursos por parte de los mercados financieros a finales del decenio de 1990 fuera estelar, en vista de que el 97% de los inversores en fibra óptica tardaron años en ver la salida del túnel. Pero al menos ese error tuvo un beneficio no buscado: como se redujeron los costos de la comunicación, India y China pasaron a estar más integradas en la economía mundial.

Pero resulta difícil ver beneficios semejantes en la errónea asignación en masa de recursos a la vivienda. Las casas recién construidas para familias que no podían pagarlas se deterioran, a medida que millones de familias se ven obligadas a abandonar sus hogares y el gobierno ha tenido que intervenir por fin... para retirar las ruinas. En otras, se extiende la plaga. De modo que incluso los que han sido ciudadanos modelo, han contraído préstamos prudentes y han mantenido sus hogares, ahora se encuentran con que los mercados han disminuido el valor de sus casas más de lo que habrían podido temer en sus peores pesadillas.

Desde luego, hubo algunos beneficios a corto plazo del exceso de inversión en el sector inmobiliario: algunos (tal vez sólo durante algunos meses) gozaron de los placeres de la propiedad de una vivienda y de la vida en una casa mayor de aquella a la que, de lo contrario, habrían podido aspirar, pero, ¡con qué costo para sí mismos y para la economía mundial! Millones de personas van a perder sus ahorros de toda la vida, al perder sus hogares, y las ejecuciones de las hipotecas han precipitado una desaceleración mundial. Existe un consenso cada vez mayor sobre el pronóstico: la contracción será prolongada y generalizada.

Tampoco los mercados nos prepararon bien para unos precios desorbitados del petróleo y de los alimentos. Naturalmente, ninguno de esos dos sectores es un ejemplo de economía de libre mercado, pero de eso se trata en parte: se ha utilizado selectivamente la retórica sobre el libre mercado... aceptada cuando servía a intereses especiales y desechada cuando no.

Tal vez una de las pocas virtudes del gobierno de George W. Bush es que el desfase entre la retórica y la realidad es menor de lo que fue bajo Ronald Reagan. Pese a su retórica sobre el libre comercio, Reagan impuso limitaciones comerciales, incluidas las tristemente famosas restricciones “voluntarias” a la exportación de automóviles.

Las políticas de Bush han sido peores, pero el grado en que ha servido abiertamente al complejo militar-industrial de los Estados Unidos ha estado más a la vista. La única vez en que el gobierno de Bush se volvió verde fue cuando recurrió a las subvenciones del etanol, cuyos beneficios medioambientales son dudosos. Las distorsiones del mercado de la energía continúan y, si Bush hubiera podido salirse con la suya, la situación habría sido peor.

Esa mezcla de retórica sobre el libre comercio e intervención estatal ha funcionado particularmente mal para los países en desarrollo. Se les dijo que dejaran de intervenir en la agricultura, con lo que expusieron a sus agricultores a una competencia devastadora de Estados Unidos y Europa. Sus agricultores habrían podido competir, pero no podían hacerlo con las subvenciones de los EE.UU. y de la Unión Europea. Como no era de extrañar, las inversiones en la agricultura en los países en desarrollo fueron disminuyendo y el desfase en materia de alimentos aumentó.

Quienes propagaron ese consejo equivocado no tienen que preocuparse por las consecuencias de su negligencia. Los costos habrán de sufragarlos los países en desarrollo, en particular los pobres. Este año vamos a ver un gran aumento de la pobreza.

Dicho de forma sencilla, en un mundo de abundancia, millones de personas del mundo en desarrollo siguen sin poder satisfacer las necesidades nutricionales mínimas. En muchos países, los aumentos de los precios de los alimentos y de la energía tendrán un efecto particularmente devastador para los pobres, porque esos artículos constituyen una mayor proporción de sus gastos.

La indignación en todo el mundo es palpable. No es de extrañar que los especuladores hayan sido en gran medida objeto de esa ira. Los especuladores afirman no ser los causantes del problema, sino que se limitan a practicar el “descubrimiento de los precios” o, dicho de otro modo, el descubrimiento de que hay escasez.

Pero esa respuesta es falsa. Las perspectivas de precios en aumento y volátiles animan a centenares de millones de agricultores a adoptar precauciones. Podrían ganar más dinero si acaparan un poco de su grano hoy y lo venden más adelante; si no lo hacen, no podrán sufragarlo, en caso de que la cosecha del año siguiente sea menor de lo esperado. Un poco de grano retirado del mercado por centenares de millones de agricultores en todo el mundo forma grandes cantidades.

Los defensores del fundamentalismo del mercado quieren atribuir la culpa del fracaso del mercado a una falla del gobierno. Se ha citado a un alto funcionario chino, quien ha dicho que el problema radica en que el gobierno de los EE.UU. debería haber hecho más para ayudar a los americanos de pocos ingresos con su problema de vivienda.

Estoy de acuerdo, pero eso no cambia los datos: la mala gestión del riesgo por parte de los bancos de los EE.UU. fue de proporciones colosales y con consecuencias mundiales, mientras que quienes gestionaban esas entidades se han marchado con miles de millones de dólares de indemnización. Hoy hay una desigualdad entre los rendimientos privados y los sociales. Si no están a la par, el sistema de mercado no puede funcionar bien.

El fundamentalismo neoliberal del mercado ha sido una doctrina política al servicio de ciertos intereses. Nunca ha recibido una corroboración de la teoría económica, como tampoco ahora ha de quedar claro de la experiencia histórica. Aprender esta lección puede ser el lado bueno de la nube que ahora se cierne sobre la economía mundial.

* Profesor de la Universidad de Columbia, © Project Syndicate 1995–2008

Joseph E. Stiglitz

Al carajo con las Farc



Las Farc no sólo nos han convertido en un país menos secular, sino también en una sociedad más proclive a gobiernos de derecha.

Por María Jimena Duzán
Fecha: 07/05/2008 -1366

Justificar a ambos lados
Me la he pasado estos tres días pegada al televisor, siguiendo paso a paso la conmovedora bienvenida que el país les ha dado a Íngrid Betancourt y a los soldados y policías, luego de su cinematográfico rescate de las fauces de las Farc, y desde entonces no dejo de hacerme esta pregunta: ¿hasta dónde los abusos de las Farc, sus secuestros, sus actos terroristas y sus minas quiebratas, culpables de que el país tenga hoy una generación de lisiados, nos han convertido en el país derechizado y decimonónico que somos hoy?


No se necesita ser un profundo analista para advertir que la 'contribución' de las Farc en esta transformación de Colombia ha sido determinante. Sin duda la carga de religiosidad que tuvo la llegada de Íngrid y de sus compañeros a la libertad no tiene precedentes en nuestra historia reciente. Puede que este innegable resurgir religioso tenga que ver con el hecho de que en las sociedades amenazadas, la religión termina siendo un abrevadero en el que muchas personas encuentran sosiego. Algo de eso nos está pasando: en la pista de Catam, todos los rescatados y sus familiares se arrodillaron a rezar ante las cámaras, mientras el presidente Uribe, desde otro punto, ordenaba comenzar su alocución con las tres Aves Marías, como es ya costumbre en sus consejos comunales. Algo similar ocurrió en su alocución nocturna. ¿A dónde fue a parar el Estado secular que proclamó la Constitución del 91?

Las Farc no sólo nos han convertido en un país menos secular, sino también en una sociedad más proclive a gobiernos de derecha. Si las Farc no hubieran secuestrado, asesinado y atropellado a los colombianos como lo han hecho durante tantos años, en el país no habría podido prosperar un liderazgo como el de Álvaro Uribe; no se le habría torcido el pescuezo a la Constitución del 91, con la primera reelección; no se estaría pensando en una segunda reelección, y, desde luego, no estaríamos en las que estamos.

Las Farc han cambiado de manera dramática las vidas de muchas personas, comenzando por la del presidente Uribe, cuyo padre fue asesinado por un frente de esa guerrilla. Muchas veces me he preguntado cuál habría sido el talante de Álvaro Uribe si eso no le hubiera ocurrido. Puede que me equivoque, pero algo me dice que su aproximación a la política y al poder habría sido muy diferente, como también estoy convencida de que si al vicepresidente Francisco Santos no lo hubiera secuestrado Pablo Escobar, él no habría llegado ni a la puerta del Palacio de Nariño.

Algo parecido se puede decir de Íngrid Betancourt. La Íngrid que se bajó del avión es una mujer profundamente creyente y religiosa que habla en un tono predicador, como si sus palabras emanaran de un alma predestinada. A la Íngrid de hoy le suena la idea de una eventual reelección del presidente Uribe, aunque esta sea inconstitucional, porque considera que su permanencia en el poder es la única garantía para conseguir la derrota final de las Farc. Ella y más de medio país piensan lo mismo. Sin embargo, algo me dice que si no la hubieran sometido a la indignidad del secuestro, hoy estaría en la otra orilla, cuestionando al presidente Uribe por estar desconociendo sus límites constitucionales.

Pero también por culpa de las Farc, estamos creando unos líderes con pies de barro. Ahí está nuestro canciller, Fernando Araújo, a quien el secuestro lo reencauchó de manera inusitada: de haber sido un ministro gris en el gobierno de Andrés Pastrana y protagonista de uno de los escándalos mas tristemente célebres, el de Chambacú, del cual fue finalmente exonerado, se convirtió en una de las figuras más prominentes del partido Conservador con aspiraciones a ser candidato de su partido. Estoy segura de que si al doctor Araújo las Farc no lo hubieran secuestrado, no habría vuelto a la política y hoy nadie se acordaría de él. Algo parecido está sucediendo con Luis Eladio Pérez y Jorge Eduardo Géchem Turbay, dos políticos que antes de ser secuestrados nunca sobresalieron por nada diferente a que eran dos caciques tradicionales acostumbrados a la manzanilla. Hoy, sin embargo, luego de su secuestro, han adquirido una estatura de estadistas y de oráculos políticos que los debe tener sorprendidos hasta a ellos mismos. A Pérez, Íngrid Betancourt lo tiene fichado para trabajar en su proyecto político, y Géchem Turbay está convertido en un personaje nacional que hace noticia hasta con su vida privada. Hace poco los medios informaron de su separación como si hubiera sido la de Madonna. Las Farc han degradado la sociedad colombiana hasta el punto de que nos han vuelto fácilmente manipulables. Al carajo con las Farc.

REVISTA SEMANA

DAS utiliza agentes suyos para buscar pruebas que sirvan para desacreditar a miembros de la Corte


A MEDIADOS DE MAYO, funcionarios de la Rama Judicial y algunos dirigentes empresariales y sociales del Huila les informaron a la Corte Suprema de Justicia sobre la presencia en Neiva de una comisión del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) que cumplía allí una misión curiosa e inusual. Los detectives no hacían pesquisas para conocer el entramado de alguna organización criminal, sino que revisaban registros hoteleros, facturas de establecimientos públicos y archivos sobre itinerarios de vuelo para saber quiénes habían asistido a un homenaje tributado allí en junio de 2006 al magistrado Yesid Ramírez y quién o quiénes habían cubierto los gastos. La presencia de los emisarios del DAS allí coincidía con la proliferación de anónimos que llegaron a varios medios de comunicación en el sentido de que este y otros homenajes similares a dignatarios e integrantes del máximo tribunal de la justicia ordinaria habían sido promovido, organizados y costeados por personajes de la talla de Giorgio Sale, un empresario que fue a la cárcel por probados nexos con Salvatore Mancuso y una red de lavado de activos, y Ascencio Reyes un hombre que, según publicaciones de prensa, es dueño de una fortuna de dudoso origen.

Pero el asunto iba más allá. Magistrados de la Corporación habían sido enterados por funcionarios de inteligencia y del sistema carcelario de que los anónimos tenían origen en la Penitenciaría Nacional de La Picota, donde están confinados congresistas y ex congresistas vinculados al proceso de la parapolítica y estaban conectados a un "libreto de desprestigio de la Corte" preparado en las más altas esferas del poder.

Informaciones de fuentes distintas llegadas al Palacio de Justicia coincidían al señalar que el "libreto" habría sido preparado por el asesor presidencial José Obdulio Gaviria. "Fui el primer sorprendido al oír su nombre, pero cuando miré con cuidado documentos que soportaban las denuncias ya no me cupo duda de que solo alguien como él sería capaz de preparar una versión criolla de El príncipe de Maquiavelo", le dijo a CAMBIO un funcionario que pidió expresamente mantener en reserva su nombre.

Aunque ya son bien conocidos conatos de enfrentamiento entre la Corte y el Gobierno a raíz de episodios como la vinculación del entonces senador Mario Uribe, primo del Presidente, al proceso de la parapolítica, ¿por qué querría el Gobierno casar nuevas peleas con la Justicia apelando a ese tipo de métodos? Según fuentes cercanas a la Corte, los nuevos ataques tendrían un claro propósito: deslegitimar, por anticipado, decisiones como la ya pactada condena a la ex representante Yidis Medina, una de las dos puntas de la cadena de un cohecho que habría estado detrás de la reforma constitucional que hizo posible la reelección del Presidente de la República en 2006.

Empeñados en mantener la unidad monolítica que acordaron al iniciar el proceso de la parapolítica, varios de los magistrados acordaron en privado que no era prudente replicar ataques y que la mejor manera de desvirtuarlos sería mantener una línea de conducta "basada en la razón y el derecho". De acuerdo con las reglas acordadas en conjunto, solo el presidente de la Corporación, Francisco Ricaurte, haría pronunciamientos públicos sobre asuntos estrictamente relacionados con la misión institucional. En eso estuvieron de acuerdo todos, pero el magistrado Yesid Ramírez pidió respaldo a su decisión de hacer pronunciamiento personal y público, pues sentía que no podía guardar silencio porque su nombre había sido publicado en letras de moldes en los periódicos como benefactor de homenajes que, tal y como fueron descritos por algunos columnistas, tenían un trasfondo antiético e ilegal. Por eso el lunes 16 de junio produjo un comunicado de prensa en que les pidió a quienes tuvieran pruebas en su contra de la comisión de algún delito que las entregaran cuanto antes a la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara, su juez natural.

Esta historia, inédita hasta hoy, ha estado matizada por algunos incidentes que le confirman al ciudadano del común que las fricciones entre la Corte y el Gobierno no van a desaparecer muy pronto. De manera invariable algún funcionario del Gobierno ha salido a la palestra para cuestionar o arrojar mantos de duda sobre pronunciamientos o actuaciones del alto tribunal. "Ahora me tengo que preparar para responderle a la Sala Penal de la Corte por qué extradité catorce arcángeles", dijo el 13 de junio el presidente Álvaro Uribe, pocas horas después de que el tribunal le pidió al Jefe del Estado exponer las razones que le llevaron a enviar a Estados Unidos a algunos de los jefes paramilitares.

En varias declaraciones públicas el presidente de la Corte respondió que la solicitud no tenía intención distinta a establecer, a la luz del proceso de Justicia y Paz, en qué condiciones quedarían las víctimas de Mancuso, 'Don Berna', 'Jorge 40' y otros personajes extraditados, pues la Ley garantiza los derechos prevalentes a la verdad y a la reparación.

El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, no pudo ocultar la inconformidad que le generó el anuncio de la Corte en el sentido de que pediría un segundo concepto técnico -posiblemente de la policía londinense Scotland Yard- sobre el contenido del computador del abatido jefe guerrillero 'Raúl Reyes', examinado ya por la Interpol. Santos consideró injusto que la Corte pusiera en duda la calidad del pronunciamiento de la Interpol que consideró que el contenido no fue manipulado.

El presidente de la Corte respondió que el organismo no pone en duda la probidad de la Interpol, sino que busca que aquellos apartes de la información del computador que eventualmente van a ser usados como pruebas en procesos penales sean sometidos a exploración más específica para prevenir la posibilidad de que los abogados de los procesados busquen su nulidad. "La mención de Scotlan Yard es un simple enunciado. La colaboración que buscamos nos las pueden brindar los mismos técnicos de Interpol que produjeron el primer informe", le dijo Ricaurte a CAMBIO.

Integrantes del equipo especial de investigación conformado por la Corte para trabajar en la instrucción de los procesos de la parapolítica y la 'farcpolítica' dijeron, a su vez, que será importante que los expertos ayuden a dilucidar algunos de los pocos puntos del informe que generan dudas entre quienes no son expertos en el tema de la informática. Se refirieron en concreto a dos apartes del informe sobre modificaciones, supresiones o cambios de fechas en los archivos del computador.

"Utilizando sus herramientas forenses, los especialistas hallaron un total de 48.055 archivos cuyas marcas de tiempo indicaban que habían sido creados, abiertos, modificados o suprimidos como consecuencia del acceso directo a las ocho pruebas instrumentales por parte de las autoridades colombianas entre el momento del decomiso de estas, el primero de marzo de 2008, a las 11:45 horas", dice uno de los apartes del informe que suscita algunas dudas dentro del órgano jursidiccional.

El Ministro de Defensa también criticó a la Corte por poner en duda el informe de Interpol y en cambio sí haber acogido sin reservas el computador de 'Jorge 40' a la hora de decidir la situación jurídica de varios dirigentes políticos. Estadísticas en mano, magistrados e investigadores dijeron que, sin desconocer la importancia de la evidencia aportada por el PC de '40', su impacto procesal ha sido apenas ligeramente superior al uno por ciento dentro del universo de las pruebas en las que están soportados los expedientes.

"ESO NO LO DICE UN ESTADISTA"

El asesor presidencial José Obdulio Gaviria le dijo a CAMBIO que las versiones sobre su supuesta injerencia en un plan para desprestigiar a la Corte Suprema "son obra de correveidiles y no de estadistas". Según él, a quienes hacen esa afirmación les falta nivel porque si fueran estadistas le darían al asunto un tratamiento distinto al de un simple chisme.

"En razón de mi trabajo he mantenido un contacto diario con el DAS, con las Fuerzas Militares y con otros organismos, pero jamás he hecho uso de sus recursos para causas personales o innobles", agregó.

Según Gaviria, el Gobierno no ha sido informado sobre supuestos seguimientos, hostigamientos o averiguaciones clandestinas contra magistrados de la Corte Suprema o sobre cualquier tipo de ataques a esa corporación, pues de lo contrario ya habría tomado medidas para corregir la situación.

¿DE QUÉ LADO ESTÁ?

Quizá sin proponérselo, el fiscal general, Mario Iguarán, ha quedado entre "dos fuegos" en medio de la controversia entre el Gobierno y la Corte. Después del difícil trance que vivió con el Gobierno cuando uno de sus funcionarios ordenó la detención del ex senador Mario Uribe, Iguarán afronta ahora los cuestionamientos de la Corte por cuenta de los errores procedimentales que le permitieron la excarcelación de Jorge Noguera, ex director del DAS. CAMBIO estableció que hay malestar en las Cortes por algunas actitudes asumidas recientemente por el Fiscal, quien incluso se abstuvo de firmar una reciente declaración en que los principales órganos del poder judicial rechazaron la idea del Gobierno de promover la creación de una "Supercorte".

Magistrados de la Corte Constitucional, la Suprema y del Consejo de la Judicatura confirmaron que Iguarán fue invitado a la reunión de la que surgió el pronunciamiento y consultado telefónicamente sobre el contenido del proyecto de declaración. "Por teléfono dijo que respaldaría sin reservas lo acordado y tanto él como su jefe de seguridad llamaron para anunciar que llegaría en cualquier momento para firmar la declaración, pero nunca se presentó", dijo una de las fuentes.

Coincidencias fatales

Se han hecho visibles las maromas para que Yidis Medina aparezca primero como una loca, luego como una delincuente. Un buen día desde el DAS se citó a una rueda de prensa para que un fotógrafo denunciara los supuestos intentos de secuestro de que había sido víctima por parte de la ex parlamentaria. Los resultados están a la vista: la Fiscalía de Iguarán, ex viceministro de Uribe, ya le abrió expediente a Yidis por el presunto secuestro de alguien que jamás ha estado secuestrado.

Ahora la revista Cambio nos confirmó que hay un procedimiento de inteligencia del DAS, soportando la campaña de desprestigio contra magistrados de la Corte Suprema, la que curiosamente han ambientado algunos articulistas cercanos al Gobierno o a la Vicepresidencia, y hasta el cínico Fernando Londoño, el “Héroe de Invercolsa”, quien salió a decir que “en Colombia nadie responde por nada”, él que no ha devuelto las acciones de Invercolsa que no le pertenecen.

Un comando del DAS se volcó a los hoteles de Neiva, para encontrar evidencias de las cercanías del narcotraficante Giorgio Sale y de un controvertido millonario, Ascencio Reyes, con algunos magistrados, a uno de los cuales ya le tocó pedir que lo investiguen. Tan escandalosa revelación no ha merecido una sola explicación del Gobierno, menos una rectificación.

En septiembre del año pasado, el delincuente Tasmania denunció ante Uribe un complot en su contra aparentemente orquestado por el magistrado auxiliar Iván Velásquez, para enredarlo en un atentado contra un paramilitar. Al mandatario no le importó usar su investidura para llamar al magistrado y preguntarle por el asunto en el que tenía interés personal. Pero esta semana se ha sabido que Tasmania se retractó de las acusaciones contra Velásquez, e hizo graves revelaciones que permiten entender el porqué en la Casa de Nariño no quisieron responder con claridad quién les contó todo el cuento de la conspiración contra Uribe, a pesar de que una sentencia de tutela así se lo ordenó a Bernardo Moreno.

También por la revista Cambio nos enteramos de una coincidencia todavía más inquietante. José Obdulio Gaviria (JOG) declaró sin sonrojarse que “en razón de mi trabajo he mantenido un contacto diario con el DAS, con las Fuerzas Militares y con otros organismos”. Sí, JOG, el mismo siniestro personaje de quien Juan José Rendón, el venezolano experto en guerras sucias, se declarara admirador y contertulio. Ingenuos quienes creímos que JOG era sólo un asesor político, cuando es algo más que un torvo consejero de seguridad, que tiene abiertas las puertas de la inteligencia y la Fuerza Pública, sin límite alguno. ¡Qué miedo!

Aunque JOG sostuvo que nunca ha utilizado los recursos oficiales “para causas innobles”, es difícil saber qué quiso decir, pues tan conspicuo consultor hace favores a granel a quienes lo buscan, como el que la revista Donjuan sugiere hizo a un actor, que resultó ser Rodrigo Obregón, que pidió “dinero, armas y aviones para filmar una película”, el mismo que lidera la fundación ‘Colombia Herida’, promotora de marchas contra las ONG de derechos humanos.

El procurador Maya anunció que su despacho estudiaría si JOG es un simple particular que por sólo aconsejar está a salvo de la Procuraduría, o si atendidas sus reales funciones, puede ser investigado y sancionado. Con tantas coincidencias, va siendo hora de concluir tan enjundioso estudio.

¿Será que el presidente Uribe no se entera de las andanzas de su amado JOG, ni de los montajes que florecen a su alrededor ? Lo dudo.

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Adenda.- Crecieron los desplazados, los refugiados, los cultivos de coca, los asesinatos, pronto el desempleo, y todavía faltan 6 años de Uribe.

notasdebuhardilla@hotmail.com

Dos esquinas opuestas... e irreconciliables (relativo)

Alejandro Gaviria y Eduardo Sarmiento publica cada uno libro este mes

Eduardo Sarmiento y Alejandro Gaviria, ambos economistas y columnistas de opinión de El Espectador, debaten sobre periodismo, economía y educación, y, por supuesto, de Uribe.

Santiago Gutiérrez*
Bogotá

Alejandro Gaviria es uno de los mejores economistas del país, es un columnista agudo e interesante de con una visión humanística amplia, un atributo más bien escaso en su profesión. Publicó hace unas semanas su libro Uribenomics, una visión fresca sobre aspectos economía y sociología colombianas.
Eduardo Sarmiento es también economista, contradictor acérrimo de la ortodoxia económica, es quizás el columnista favorito de todas las oposiciones desde los noventa. Con persistencia anuncia grandes desastres provocados por el manejo económico convencional. Acaba de publicar un libro, Economía y globalización, en el que presenta su visión del mundo.

Atrincherados en sus nuevos escritos y sus convicciones, discutieron algunos de los temas que aparecen en el libro de Gaviria. Defendieron sus teorías con pasión, sin discursos precisos y preparados, sino con los titubeos que son tan propios de las discusiones vigorosas. Las respuestas prueban lo interesante que puede ser sacar a los economistas de su estanque de las estadísticas y las cifras.

¿Cómo se escribe una co lumna?
Eduardo Sarmiento: Un intelectual debe tener unas hipótesis. Luego tiene que confrontarlas con la realidad, y si la realidad le dice que esas hipótesis son malas, las debe cambiar. Si la realidad le dice que son correctas, obviamente las afianza. Eso lo aplico en mi caso.

Alejandro Gaviria: Sin embargo, ese ejercicio que propone Eduardo no se hace siempre. En el libro digo que muchas veces los seres humanos tendemos a interpretar la evidencia de una manera que favorece nuestra preconcepción. Entonces es fácil reincidir semana tras semana, mes tras mes, año tras año, en una interpretación de la realidad. Yo creo que una de nuestras responsabilidades como intelectuales es tener cierta flexibilidad.

Eduardo, usted anuncia catástrofes en casi todos sus escritos. ¿Eso podría ser síntoma de la preconcepción que menciona Alejandro?

ES: No. El procedimiento es que usted elabora la hipótesis y la lanza. La que le da la razón o la rechaza es la opinión pública. Como yo iba en contra de la actividad convencional, busqué respuestas de la opinión pública. Creo que ese ejercicio fue válido y permitió discutir cosas que en un momento tenían un tremendo rechazo. En la década de los noventa no se podía críticar la 'apertura', el banco central autónomo era un dogma incuestionable, el crecimiento económico liderado por la tecnología era exacto. Todas esas teorías que tenían una enorme reputación en el mundo no podían ser contrastadas con los colegas, que estaban comprometidos con ellas. El diálogo lo hice con la opinión pública.

¿Ustedes escriben para la tribuna?
ES: Cuando escribo no pienso en la nota. Simplemente elaboro la idea y la escribo, pero de ninguna manera estoy buscando un 3 o un 5. Ya estoy muy grande para eso. Yo tengo una serie de tesis que he elaborado durante 18 años y las he venido perfeccionado. Mi interés es que esas hipótesis en la medida que se validen tengan un apoyo de la opinión pública para hacerse realidad.

AG: Uno tiene la tentación de hacer populismo, de escribir para las barras y caer en lo en que algún escritor llama las trampas de la adicción. Simplemente anticipar cuál será la reacción de los lectores. Yo la trato de evitar en mi ejercicio como columnista. A veces prefiero asumir la posición de contradictor de mis lectores.

¿Qué quiere decir el término Uribenomics?
ES: En el libro de Alejandro el tema del modelo económico prácticamente no se toca. Pero en el primer capítulo dice abiertamente que Uribe es un pragmático y que tiene un esquema económico sin teoría. La posición mía es diferente. Creo que Uribe sí tiene una teoría y creo que la teoría es equivocada. ¿Cuál es?, la misma de los últimos 50 años, que yo resumo en tres pilares. Primero, contener la inflación —como lo recomiendan cinco premios Nobel con el esquema de 'inflación objetivo'—.

El segundo es el desarrollo del comercio internacional y de la inversión extranjera. Y el tercero es la política pública asistencialista guiada por la eficiencia, que tiene un impacto efectista, pero no un impacto redistributivo de largo plazo.

AG: Yo trato de encontrar lo que hay de peculiar en el gobierno Uribe, porque no es el banco central independiente que está en la constitución, ni el énfasis en el comercio exterior que ha sido una constante desde el año 90. Hay unos elementos característicos y distintivos de lo que se hizo en los últimos años. El primero, unos beneficios tributarios para la inversión, que yo los asociaría con el Reaganomics estadounidense. El que invierte hoy tiene unas ventajas tributarias mayores a las de toda la historia reciente. El segundo, es el cambio en el gasto social con subsidios. Eso es lo que llamo Uribenomics: exenciones tributarias a los empresarios y subsidios a los hogares pobres para remediar la falta de generación de empleo formal.

No hay una concepción de gran modelo, pero hay unas diferencias sustanciales con el pasado. Decir que los subsidios son movidos por la eficiencia y no por la equidad, es completamente equivocado. Incluso uno puede llevar la crítica un poco más allá y decir que se buscan objetivos electorales.
ES: No es una crítica a Uribe, es a todo. La política tiene la misma raíz de los últimos 50 años. Creo que el impacto grande de la política social está en las transferencias a la salud, a la educación y desde luego a la seguridad social. Si usted ve, en lo grueso esa política —y también la de Uribe— se le dejó al sector privado. El sector privado es el que mueve la política de salud y las grandes ganancias le quedan al sector privado. Se favorece a los que menos lo requieren. Mire la tendencia a la privatización de la educación.

AG: Eso es errado. No hay privatización de la educación. Los colegios privados y públicos existen en Colombia desde hace años. Uno no puede juzgar el modelo económico de Uribe diciendo que no se nacionalizó la educación, que es lo que usted esta proponiendo. La crítica maximalista no lleva a ninguna parte.
ES: Lo que estoy diciendo es que ha debido hacerse una educación menos segregada y que Uribe no hizo nada para cambiar esto.

AG: En vez de decir que Uribe ha sido más de lo mismo, quisiera encontrar algunos puntos particulares de su gobierno y hacerles una crítica matizada, no la crítica maximalista que propone que esto ha sido la reiteración de un modelo equivocado porque les hemos hecho caso a cinco premios Nobel que se tiraron al mundo.

En salud, Sarmiento dice que no ha pasado nada. Yo digo que ha pasado mucho. En 2002, dos terceras partes de la población debían acceder al régimen contributivo y una tercera parte al régimen subsidiado. El último plan de desarrollo que está basado en el esquema que yo llamo Uribenomics, dice una tercera parte régimen contributivo, dos terceras partes régimen subsidiado. No es más de lo mismo. Es un modelo donde se acepta el hecho de que no se genera empleo formal, y hay que recurrir a subsidios en especie —con el régimen subsidiado—, para remediar ese problema. Yo creo que se puede mejorar el empleo rebajando los impuestos al trabajo. No decir simplemente de una manera facilista, aquí privatizamos la salud y la seguridad. Eso no aporta.

ES: Para lo único que aporta es para lo que usted dice…

¿Cuál es el mayor acierto de la política económica de Uribe?
AG: Creo que tiene que ver con la mejora en el clima de inversión. Eso permitió una transformación del aparato productivo colombiano que puede ser benéfico más adelante.

¿Cuál es su principal error?
ES: Que el modelo actual, de entrada masiva de inversión extranjera con revaluación, dio un crecimiento económico que no era sostenible. No genera suficiente empleo de manera que, como lo anticipé, se caería como se está cayendo. El modesto crecimiento generó una economía inestable y nos dejó una de las sociedades más inequitativas del mundo.

AG: El mayor error es que la política ha estado orientada hacia dar exenciones a la acumulación de capital, pero ha venido encareciendo el empleo. Uno encuentra en el sector privado metas ambiciosas de inversión, que coinciden con metas también ambiciosas de reducción del empleo.

ES: Pero yo no se si usted está de acuerdo con el modelo Uribe. Usted no toma una posición…

AG: No estoy de acuerdo.

ES: ¿No está? Usted fue uno de los autores del primer plan de desarrollo. Plantea una cosa y luego sostiene la contraria (risas).
Hablemos de droga. ¿Por qué Colombia no pierde su lugar como primer exportador de cocaína?

AG: La droga cambió a la sociedad colombiana de tal manera que garantizó las condiciones para su propia reproducción. Algunos creen que la droga refleja ciertas falencias de la sociedad colombiana y cierto gusto por la ilegalidad, o la falta de oportunidades o de movilidad social. En parte sí pero no es la principal causa. Mi análisis pone el énfasis en las circunstancias históricas de cada momento.

Hay un gran cambio tecnológico, tanto en la producción de coca, como en el tráfico. Hoy son los submarinos, mañana será otra cosa. La productividad por hectárea en los últimos años se ha multiplicado por tres. Se han creado otras industrias del crimen como la falsificación de dólares. El país ha consolidado una industria en este tema, y es muy difícil que se desplace a otro país. El negocio ha sido absolutamente estable.

Es difícil que sin una medida radical como la legalización, dejemos de ser una economía narcotizada. El narcotráfico transforma la sociedad, no es que la sociedad estuviera lista para esperar al narcotráfico. Por eso hago énfasis en las consecuencias sociales y no en la causas sociales.

ES: Hay muchos factores que provienen de la droga. Uno tiene una serie de condiciones de costo, de geografía y de permisividad de la sociedad que le dieron una gran ventaja a la droga en Colombia. Y ante las limitaciones del país en otras áreas, se acabó saliendo con la droga. ¿Cuál es la solución?, eliminar ese excedente con una legalización.

En su libro, Alejandro habla de meritocracia de una forma muy particular

AG: Existe una ruta evidente hacia el éxito socioeconómico. Pasa por un buen colegio que le permite sacar buenos resultados en una prueba estandarizada, va a una universidad de determinado tipo y eso, con unas redes sociales, le permite acceder a ciertas posiciones. Entonces detrás de esa idea de la meritocracia, que es una ruta hacia el mérito que privilegia ciertas cosas, como la ruta es muy exclusiva también es un mecanismo de reproducción social inequitativo.

¿Cómo se amplia el acceso a la ruta del éxito?
AG: En Colombia, aumentando la cobertura de educación superior y mejorando de manera sustancial la educación pública. Los datos muestran que la brecha entre la educación pública y privada es de las más altas del mundo.

ES: La educación está mal distribuida, incluso peor que el ingreso. ¿La solución? Para todo el mundo la misma educación, educación pública.

AG: Educación pública universal implica violar la libertad individual.

ES: Tengo otra fórmula que aplico en mi universidad.

AG: ¿Cuál?

ES: Es educación privada pero con la condición de becar a los estratos uno y dos. Nadie hace distribución voluntaria. La solución para mí sería la educación pública única total, pero para que usted no diga que soy tan inflexible entonces tengo la otra propuesta.

AG: (Risas). |

REVISTA ARCADIA

Encrucijada externa

01 de Junio de 2008. Redactor de EL TIEMPO.

En un momento en el que América Latina busca redefinir su relación con E.U., Colombia no debe aislarse de la región.

La reunión de fundación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en Brasilia, el pasado 23 de mayo, y la Asamblea General de la OEA, que hoy sesiona en Medellín, resumen la encrucijada en la que se encuentra la política exterior de Colombia, en un momento de realineamientos bilaterales y multilaterales en América Latina y frente a Estados Unidos, a los que el país mal podría permanecer ajeno.

Pocas veces como ahora, la política exterior había sido tan crucial para Colombia. Las realidades internas, en especial el conflicto armado, la aíslan, mientras América Latina está en plena redefinición de sus reglas de juego, sus estructuras institucionales y sus métodos de trabajo. Los Estados Unidos, ausentes de la región en una década en la que la izquierda de diversos matices se ha posicionado, han dejado el campo abierto para un movimiento de fondo hacia la redefinición de la relación del subcontinente con ellos. Es la búsqueda de una redefinición del equilibrio y un papel más independiente de América Latina. Que al mismo tiempo, con la excepción única de Chávez (y, por supuesto, de Cuba), no es confrontacional.

La necesidad de alinearse con la controvertida posición de Bush para fortalecer la guerra contra las Farc -y una identificación de principios y de lenguajes antiterroristas entre el presidente Uribe y el estadounidense- ha acercado mucho a Colombia con Washington. La alianza es de vieja data, pero antes tenía contrapesos: buenas relaciones con los vecinos, un activo proyecto de integración andina y una actitud de alto perfil en los temas más importantes de las relaciones hemisféricas. Sin mucho debate, sin la intervención del Congreso ni de la Comisión Asesora, el gobierno Uribe ha cambiado tradiciones valiosas de la política exterior.

* * * *

Colombia debe evitar el peligro de quedar aislada. Ya se ha visto que el panorama actual le dificulta liderar iniciativas en América Latina e, incluso, participar en los grandes procesos. No puede estar en el Alba chavista, por supuesto, pero tampoco se siente cómodo en el Unasur promovido por Lula. La intranquilidad en las dos principales fronteras debilita la capacidad de acción en un contexto más amplio.

La tendencia al aislamiento también quedó al descubierto con la posición de Colombia frente a la iniciativa brasileña de crear un Consejo de Seguridad Suramericano. Dejó la sensación, otra vez, de que su cercanía con Bush le impide estar con las mayorías del continente.

Se entienden las razones del presidente Uribe para no molestar a nuestro aliado del Norte, fomentando ideas que lo excluyen o esquemas que lo obliguen a sentarse a la misma mesa con Hugo Chávez . Pero, más allá de la connotación política, sí hay un asunto que necesita esquemas nuevos, creativos y efectivos de trabajo conjunto y multilateral: el de seguridad. Los desafíos del conflicto interno en las zonas de frontera y las nuevas rutas del narcotráfico exigen acciones coordinadas.

* * * *

Harina de otro costal es la nueva distensión Uribe-Chávez, que se evidenció en la reunión de Brasilia. Bienvenida, desde luego, pero el improvisado tono tropical de la misma hace pensar en una reedición de la célebre cumbre de Santo Domingo. Y ya se sabe lo poco estables que pueden ser este tipo de reconciliaciones. Esas frases -"Uribe, te llevo en el corazón"; "No he dado ni una municioncita a las Farc"- parecen reiterar que la diplomacia del continente se ha movido hacia un estilo más desabrochado, pero de dudosa efectividad.

Que la Asamblea General de la OEA vuelva a Colombia recoge una tradición de compromiso con ese organismo. El cual no pasa por su mejor momento, por su inacción, por sus excesos burocráticos y por la imagen de que el Tío Sam mueve los hilos. Pero que vale la pena apoyar y fortalecer, porque el continente necesita un foro en el que todos los países miembros (así sea con la ausencia de Cuba) puedan tratar los temas multilaterales. Si algo caracteriza a las relaciones exteriores en la actualidad es la dependencia mutua, la internacionalización de fenómenos que antes eran solo nacionales. La OEA es necesaria y si no existiera habría que crearla.

* * * *

No hay que hacerse muchas ilusiones sobre los resultados de la reunión. Una asamblea de trámite, con una agenda previamente trabajada sobre el tema de la juventud y los valores democráticos. Poco espacio habrá para discutir el futuro de la organización, frente al cual, además, la hoy mayoritaria izquierda latinoamericana es escéptica. Habría que buscar que las iniciativas nuevas -como Unasur- sean complementarias y no sustitutas del foro político continental que es la OEA.

La diplomacia colombiana está en uno de sus momentos más trascendentales y decisivos. Preocupa la falta de un papel más activo de la Cancillería, las embajadas y las comisiones segundas del Congreso. La propia academia no parece aportar muchas ideas. Es un momento que exige creatividad, visión estratégica, prioridad gubernamental y mucha seriedad. No encarar los síntomas de aislamiento, no prevenir los posibles cambios de la visión de Estados Unidos hacia Colombia después de las elecciones presidenciales y mantener relaciones conflictivas con los vecinos y lejanas con importantes actores como la Unión Europea y la ONU es caminar hacia una hecatombe diplomática, que todavía se puede prevenir.

editorial@eltiempo.com.co

La hecatombe soy yo

Por: Rafael Rincón Patiño*

"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí"

- Juan 14:6

El Poder Ejecutivo en Colombia no es legítimo sino legitimado, es el resultado de una compleja trama de combinaciones –forzadas y manipuladas– de obediencia y legitimación. El poder legítimo en una democracia es producto del consenso, del acuerdo libre y mayoritario de los ciudadanos en torno al Estado como forma de organización regulada y de ejercicio del poder.

Estado legítimo es el que logra convertir, de manera libre y deliberada, la obediencia en adhesión a la ley y a los fines del Estado. Pero se confunde, muchas veces, lo legítimo con la aceptación promovida en la opinión pública o con la popularidad y, en virtud de estas confusiones, no es extraño ver como se enerva la legitimidad de un juez que falla conforme a la ley pero en contra del querer del gobierno popular.

La legitimación del régimen político colombiano es producto de acciones coordinadas de manipulación y fuerza. La manipulación directa de la obediencia se revela en favores políticos –casos de los congresistas Yidis Medina y Teodolindo Avendaño en Colombia–, las recompensas económicas, la asistencia estatal –programa Familias en Acción–, el clientelismo, los llamados a defender los altos valores de la patria –fidelidad a Colombia– y la “venta de humo” o entrega de honores inmerecidos –por ejemplo, la Cruz de Boyacá al ex Fiscal Luis Camilo Osorio y luego la embajada en México–.

La manipulación de la obediencia también está mediada por encuestadores y empresas de comunicación estratégica que publican y ensalzan las cimas del gobernante, escondiendo sus valles y desaciertos. Éstas hacen que la mentira sea verdad, que la parapolítica sea un affaire –como lo es el nacimiento de un hijo de Madonna o de Brad Pitt– o que la política sea “La Cosa Política” y la economía sea el sujeto político del Estado.

Así, la visita del presidente Uribe V. a México fue un éxito diplomático, según Caracol Radio, mientras que en los medios periodísticos mexicanos fue una ofensa y un abuso contra el pueblo mexicano. O la captura del primo del presidente, Mario Uribe Escobar, según el periódico El Tiempo solo calentó el ambiente político, mientras que los diarios más influyentes del mundo registraban la captura y la frustrada fuga de un familiar y mentor político del presidente de Colombia.

La televisión es el instrumento ideológico más fuerte de manipulación de la obediencia y de construcción del consenso, ésta no duda en registrar al presidente de un Estado laico con la señal de la Santa Cruz o repitiendo, con tono impostor y en diminutivos, el dolor de patria que siente por la aprehensión de sus copartidarios por parte de los magistrados 'no objetivos' de las Cortes.

El Jefe de Estado no rodea a la Corte Suprema de Justicia para que cumpla cabalmente su misión constitucional. Al contrario, se siente sitiado por ella. El presidente Uribe V. no respeta la Corte Suprema de Justicia, la ocupa militarmente para conseguir su obediencia. El presidente de la seguridad democrática se siente inseguro en la Corte Suprema de Justicia, a dos cuadras de la Casa de Nariño.

Las altas cortes de justicia en Colombia luchan por su independencia y dignidad, son el último reducto de decencia del Estado colombiano, a contrapelo del poder presidencial que las azuza, las intimida, las amenaza y descalifica.

Por su parte, la jerarquía eclesiástica, la de monseñor Pedro Rubiano, bendice los desafueros del presidente y no se inmuta con los homicidios pagados desde el gobierno ni con las manos desmembradas de las ovejas descarriadas. El gobierno reelegido no es legítimo pero es bendito, es un gobierno santo y bienaventurado, caído del cielo, es una 'obra de Dios'.

Otra forma de conseguir la obediencia es con las amplias facultades discrecionales del Ejecutivo. La Ley 975 de 2005, publicada como Ley de justicia y paz, da facultades de príncipe al presidente para conceder libertades a su antojo que, sumadas a la facultad discrecional de extraditar o no extraditar, lo convierten en un manipulador central de la obediencia. El presidente puede disponer de la libertad de uno de los que él llama terroristas para darle gusto al presidente francés o puede omitir la extradición de un extraditable, según su leal saber y entender.

La manipulación de la obediencia más usada ha sido la de que el gobierno es bueno porque las FARC son malas. El maniqueísmo, el mal menor y que el fin justifica los medios han sido la plataforma ideológica de la seguridad democrática. Las FARC, quizás muy a su pesar, son un soporte de la obediencia al régimen. Ellas son el factor de poder más funcional de la seguridad democrática. ¿Que sería de Uribe V. sin las FARC?

Pero no basta con la manipulación de la obediencia, son necesarias la fuerza y la coacción de estas para obtener el consenso. El poder del Estado colombiano ha cohabitado con poderes salvajes de muy diversas formas.

No sólo con el narcotráfico, como en el proceso 8.000, también con el paramilitarismo, la guerrilla y la mafias de la corrupción. En algunos casos bajo la figura de la connivencia, en otros casos bajo la figura de la complicidad y la cooperación, otras bajo la forma de la parapolítica.

La obediencia al régimen ha sido conseguida bajo la combinación de todas las formas de lucha. La obediencia también está relacionada con el poder del caudillo. No existe un Estado fuerte sino un hombre fuerte, un poder carismático militarizado.

El poder personal tiene el problema clásico del caudillismo, es un poder fundado en atributos personales, en un mesianismo y en la fuerza legal e ilegal. La reelección se ve como la única forma de continuidad. El poder personal no genera forma de transmisión del poder. Un presidente así está condenado a ser el presidente, a ser jefe de la bancada legislativa y a ser juez de los jueces, pidiéndoles objetividad o intimidándolo con una ocupación militar.

Después de Uribe V. no puede seguir Rodriguez, Jaramillo o Manjarrés. Cuando la obediencia está domada, después de Uribe V. sólo sigue otro Uribe o un 'Uribito'. Se requiere un sacrificio solemne y masivo para un tercer periodo, urge una hecatombe.

Todo el poder en uno, el dueño del problema y de la solución. Parodiando el evangelio de San Juan, el presidente Uribe V. es la hecatombe, la reelección y el remedio, nadie va a la presidencia sino por él.

__________
* Director de la Oficina háBeas Corpus.

Presidente no descalificó propuesta de Comisionado de Paz de disolver partidos uribistas

eltiempo.com


En una reunión en el Palacio de Nariño, el mandatario buscó un entendimiento entre Luis Carlos Restrepo y los miembros de su bancada, que habían propuesto hacer un veto al funcionario.

Los conservadores, los más sentidos por la propuesta de Restrepo, comenzaron a hacer efectivo su veto desde que empezó la reunión.

El presidente del Partido Conservador, Efraín Cepeda, se negó a compartir mesa con el comisionado Restrepo y amenazó con retirarse de la reunión en el palacio presidencial, a la cual había sido invitado por el primer mandatario, si el comisionado permanecía en el lugar.

"Me da pena" , dijo Cepeda, en tono enérgico y levantándose de su silla, añadió: "Yo voy a retirarme. No acepto estar en reuniones con el comisionado Restrepo, y menos donde se hable de política".

El Comisionado de Paz lo interpeló: "Usted tiene razón, yo no debo estar aquí. El que se retira soy yo", dijo el funcionario y salió de la sala.

Pero minutos más tarde, entró a la reunión el Presidente Álvaro Uribe, y los ánimos se calmaron. En ese momento el presidente de la Cámara, Óscar Arboleda, abogó por el regreso de Restrepo, pues dijo que fue el Presidente quien lo invitó a la reunión para que diera las explicaciones de las declaraciones que había dado contra los partidos uribistas.

Restrepo regresó a la reunión y trató de explicar su posición sobre la conveniencia de que los partidos uribistas por lo menos reflexionen sobre las razones que motivaron la crisis política actual, especialmente sus nexos con el paramilitarismo.

Uribe no rectificó al Comisionado, lo que dejó la impresión de que sus juicios cuentan con el apoyo o la tolerancia del Jefe del Estado.

El Presidente se volvió a ausentar porque tenía un acto de posesión de un magistrado. Entonces Restrepo hizo un relato y dio las explicaciones sobre sus declaraciones, dijo que las hizo a título personal y no representaban al Gobierno. Pero lejos de retractarse, se ratificó en su tesis.

El senador Cepeda lo volvió a recriminar. "Al Partido Conservador no le satisfacen esas explicaciones", reiteró Cepeda y exigió al Comisionado que esas aclaraciones de su posición no se hagan de manera privada sino públicas. Cosa que hizo Restrepo tan pronto acabó la reunión.

La presidenta del Congreso, Nancy Patricia Gutiérrez, también recriminó a Restrepo. "El comisionado no tiene autoridad para proponer la disolución de los partidos", aseguró.

En Casa de Nariño anunciaron que el Comisionado y el ministro del Interior, Carlos Holguín, también conservador, bajarían a explicar los resultados de la reunión en una conferencia de prensa. Pero ante las cámaras solo apareció Restrepo. Holguín no quiso hablar con los reporteros. Sin duda, la molestia azul continúa.

REDACCIÓN POLÍTICA

EL COMISIONADO DE PAZ RECONOCE EL PARAURIBISMO, AFIRMA ROBLEDO

Oficina de Prensa Senador Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 6 de mayo de 2008


El senador Jorge Enrique Robledo comentó las declaraciones del Comisionado de Paz sobre la necesidad de disolver los partidos uribistas, dadas sus muchas vinculaciones con la parapolítica, en los siguientes términos:

Las declaraciones del Comisionado de Paz son el reconocimiento expreso de que más que parapolítica lo que hay es parauribismo, calificativo que no significa que cada partidario de Álvaro Uribe sea un parapolítico pero que sí quiere decir que más del 84 por ciento de los políticos involucrados milita en los partidos de la coalición de gobierno (54 de los 64 congresistas en problemas)

Es otra cortina de humo responsabilizar a los partidos uribistas por la parapolítica y, al mismo tiempo, exonerar a Álvaro Uribe de toda responsabilidad al respecto, pues es evidente que el Presidente ha legislado y gobernado con los parapolíticos partidarios suyos, a quienes además les debe la reelección, nunca repudió en serio la presencia éstos en los partidos de la coalición de gobierno, ha perseguido a la Corte Suprema de Justicia por cumplir con su deber en este caso y mantiene en la diplomacia y en la alta burocracia oficial a los representantes de los políticos encartados. ¿Es capaz el gobierno de dar la lista de la alta burocracia, relacionando cada nombre con el dirigente político uribista al que representanta en la administración?

Con respecto a si el Comisionado de Paz habla en representación de Álvaro Uribe o no, la duda se resuelve con facilidad: que el Presidente confirme públicamente lo dicho por Restrepo o que le pida la renuncia.

Para escuchar la intervención del senador Robledo sobre la constancia dejada hoy en la Plenaria del Senado, haga clic aquí: Que Uribe respalde al comisionado de Paz o le pida la renuncia

EL TAPEN-TAPEN Y LA REFORMA POLÍTICA

Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 17 de abril de 2008


Es una auténtica vergüenza, que evidencia la descomposición del país, que por parapolítica vayan sesenta congresistas encartados, y eso contando solo los elegidos en 2006. Pero comprender lo que ocurre, y encontrarle soluciones, exige mirar los detalles, para evitar que las simplificaciones inocentes o astutas conduzcan a salidas falsas.

Para estos efectos, el Congreso y los congresistas, realmente, no existen. Porque no son estos los que delinquen, sino determinadas personas que militan en ciertos partidos, precisión que conduce a la verdad legal y política. Entre los encartados el ochenta por ciento respaldó la reelección de Álvaro Uribe y ninguno pertenece al Polo Democrático Alternativo. Así, la ilegitimidad les cabe a cada condenado y hasta a sus partidos, pero de ninguna manera a los congresistas y organizaciones que nada tenemos que ver con el problema. Y los votos de cada parauribista cuestionan la legitimidad del Presidente de la República, pues todos ellos –cerca de un millón– ayudaron a reelegirlo.

Por otro lado, es notorio que Álvaro Uribe, quien tanto ‘talla’ cuando se le antoja, no ha puesto ningún interés, ni el poder del Estado que controla, al servicio de esclarecer lo ocurrido con el paramilitarismo en Colombia. ¿No le tocó a la Corte Constitucional condicionar el perdón al conocimiento de la verdad en los procesos por paramilitarismo? ¿No dijo Uribe que mientras los parauribistas no llegaran a la cárcel siguieran votando y a cada preso lo reemplazara el que seguía en la lista? ¿No defendió al director del DAS, hoy tras las rejas, hasta con maltratos a los medios de comunicación? ¿No intentó callar con calumnias a los dirigentes del Polo cuando iniciaron las denuncias? ¿No se hicieron Uribe y los jefes de sus partidos los de la vista gorda en la conformación de las listas para las elecciones de 2006? ¿Puede probar que los parapolíticos perdieron sus cuotas en la alta burocracia estatal? ¿Rechazó que dirigieran a sus huestes desde las cárceles en la pasada campaña electoral? ¿No ha intentado desacreditar a la Corte Suprema de Justicia y no acaba de cuestionarla otra vez, cuando esta merece todo el respaldo ciudadano, pues sin ella la parapolítica carecería de existencia legal y la impunidad sería absoluta? ¿Y no violó el espíritu de la separación de los poderes cuando convirtió en Fiscal a su viceministro de Justicia?

Además, la reforma que, según se dice, es contra la parapolítica, no lo es. Porque, cuando mucho, les impone una sanción menor a los partidos vinculados a ella y ni siquiera intenta impedir que los parapolíticos ganen las próximas elecciones. Tan descarada es en este sentido, que no toca el sistema electoral, donde se concretan las corruptelas y la violencia al elector, y eso que el Procurador dijo que ante tanta corrupción “no debería haber elecciones con el actual sistema” (El Tiempo, Agt.12.07) y que el Registrador, cuando le preguntaron por qué se decía que se robaban las elecciones, afirmó: “Pues porque se las roban, así de claro y sencillo” (Cambio, Dic.02.07). Entre tanto, sí avanza una reforma constitucional para reelegir, otra vez, a Álvaro Uribe, el primer beneficiario con la forma como se arrean los electores a las urnas en Colombia.

En contraste, “el eje de la reforma” (editorial de El Tiempo, Abr.13.08) consiste en aumentar el umbral al cinco por ciento, medida que impide que nuevas fuerzas aparezcan o se mantengan en la escena política y amenaza la existencia del Polo Democrático Alternativo. ¿No es el colmo que la ‘gran’ reforma se dirija contra el Polo, que no tiene a nadie en la parapolítica y ha jugado un papel clave en su denuncia? ¿No es extremadamente falaz afirmar que los partidos más grandes son, por definición, menos corruptos, y que además esto lo digan los dirigentes de los cuatro que concentran el 70 por ciento de los parapolíticos? ¿No vienen todas las corruptelas de hoy del Frente Nacional, esa manguala tiránica implantada durante lustros por los dos mayores partidos de Colombia?

Son estas realidades, a las que se les agregan actos de bárbaro cinismo, como aducir que son pocos los sindicalistas colombianos asesinados, el fundamento del fracaso del TLC en el Congreso de Estados Unidos. En materia grave, entonces, se equivocan además quienes creen que Álvaro Uribe, en vez de ser parte central del problema, es parte de su solución, pues su jefatura en el tapen-tapen no ofrece dudas y se sabe que la violencia paramilitar, y las demás violencias, requieren del triunfo de toda la verdad para superarlas.


Para oír las intervenciones del senador Robledo por favor utilice los siguientes vínculos:

El impacto de la parapolítica en el Congreso

Que este gobierno muestre una sola norma que mejore las posibilidades de organización de los trabajadores colombianos

Partidos políticos perderán curules de condenados por parapolítica, acordaron Presidente y Congreso

La propuesta, acordada ayer en un desayuno en Palacio entre el mandatario y los jefes de las bancadas parlamentarias, será votada el próximo martes dentro de la reforma política

"La curul se pierde para todo el período y no la hereda ningún otro partido, como reza ahora el proyecto. Además, se le descuentan los votos que tenía esa curul y se establece que deben devolver el dinero que habían recibido por reposición de votos", explicó el representante de 'la U', Nicolás Uribe, uno de los ponentes.

Incluso, el Gobierno dio muestras de estar de acuerdo con la sanción de la 'silla vacía', como se le ha llamado a la pérdida definitiva de la curul para el respectivo partido.

El presidente Álvaro Uribe, al referirse a la reforma política, aseguró que "los partidos que sean afectados con la pérdida de curules, no las podrán reemplazar ellos mismos, sino que las perderán".

El ministro del Interior y Justicia, Carlos Holguín, advirtió, además, que esta es una idea original del Ejecutivo, que fue eliminada en la primera vuelta.

"Ante las nuevas circunstancias hay que ver cuál es la respuesta más eficaz, para que haya una solución adecuada frente a lo que está pasando", dijo Holguín.

Este acuerdo al que llegaron los ponentes desenredaría el trámite de la reforma, que será votada el martes. Allí se contemplan otras sanciones como la pérdida de la personería jurídica para los partidos, cuando el 50 por ciento de sus congresistas sea condenado.

Aplicación inmediata

Se excluyen, además, la discusión sobre la financiación de campañas y las coaliciones entre partidos, para que sean aprobados más adelante mediante una ley estatutaria.

También se abrió paso ayer para que la reforma se aplique de manera inmediata a este Congreso, tan pronto sea aprobada y revisada por la Corte Constitucional. Eso podría ocurrir este mismo año.

Tanto el presidente de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, como el presidente de 'la U', Carlos García, dos de los principales partidos uribistas, se declararon de acuerdo con que la enmienda se aplique al actual Congreso.

Sin embargo, el presidente del partido conservador, Efraín Cepeda, dijo que sobre este tema aún hay disparidad de criterios. "El punto en duda es qué pasará con las curules de los legisladores que están reemplazando a algunos congresistas detenidos. Ellos podrían declararse impedidos para votar y se podría echar al traste la reforma", dijo Cepeda. También expresaron diferencias los representantes Roy Barreras y David Luna, quienes presentarán ponencias diferentes.

51 congresistas se han visto involucrados en el escándalo de la parapolítica. De ellos, 30 se encuentran detenidos por orden de la Corte Suprema y la Fiscalía General de la Nación.

Así se afectaría el Senado con la fórmula de la 'silla vacía'

Si esta norma quedara vigente, solo tres curules resultarían afectadas hoy. Las del senador Miguel Alfonso De la Espriella y el representante Erik Morris, de Colombia Democrática. Y la del representante Alfonso Campo Escobar, del Partido Conservador.

Aunque el representante Dieb Maloof, de Colombia Viva, renunció a su fuero para ser investigado por la Fiscalía y ya recibió una condena, esta es apenas de primera instancia. Para que su sentencia quede en firme pueden pasar hasta tres años.

Para el representante a la Cámara, Roy Barreras, de Cambio Radical, uno de los ponentes de la reforma, los efectos de este escenario son nulos.

"Es necesario que los partidos involucrados con grupos mafiosos reciban una sanción real e inmediata, para que la sociedad entienda que el Congreso sí está dispuesto, no solo a blindar la democracia, sino a asumir la responsabilidad política de lo que ya ocurrió", dice Barreras.

Por eso, el congresista propuso ante los ponentes que debaten la reforma, que la 'silla vacía' se aplique a los legisladores tan pronto sean privados de la libertad.

Si este escenario estuviera vigente hoy, el panorama cambiaría radicalmente, teniendo en cuenta que en este momento hay 30 legisladores detenidos y 51 son investigados.

En total, 8 partidos resultarían afectados en Senado . El partido de 'la U' perdería dos curules: las de Mauricio Pimiento y Jairo Merlano. Los conservadores se quedarían sin las de Ciro Ramírez, Luis Humberto Gómez Gallo y William Montes. El Partido Liberal perdería las de Luis Fernando Velasco y Juan Manuel López Cabrales. Cambio Radical, las de Reginaldo Montes, Miguel Pinedo y Rubén Darío Quintero.

Convergencia Ciudadana se quedaría sin la curul que ocupó Luis Eduardo Vives. Por el lado de Alas Equipo Colombia, perdería la silla de Álvaro Araújo. Y Colombia Democrática, no tendría derecho a ocupar los espacios de Miguel de la Espriella y Álvaro García.


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