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¿Quién entiende al gobierno?


Carlos Ball. Columnista de EL TIEMPO.

La agricultura es el sector de la economía de Estados Unidos más protegido y subsidiado por el gobierno. Muchos de quienes reciben esos jugosos subsidios de Washington no viven en el campo, sino en lujosas mansiones de Nueva York, Boston y San Francisco. Es más, 74 por ciento de los subsidios agrícolas benefician directamente a las empresas más grandes del sector, que, como grupo, conforman el 10 por ciento de mayor tamaño de la industria alimentaria.

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Las acciones bursátiles no son comestibles


Amy Goodman
Democracy Now

En todo el mundo están estallando disturbios por los precios de los alimentos. Ha habido protestas en Egipto, Camerún, Filipinas, Burkina Faso, Costa de Marfil, Mauritania y Senegal. Sarata Guisse, un manifestante senegalés, le dijo a Reuters: “Nos manifestamos porque tenemos hambre. Necesitamos comer, necesitamos trabajar, tenemos hambre. Eso es todo. Tenemos hambre”. El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha lanzado un grupo de trabajo para hacer frente al problema, que amenaza, según declaró, con llevar “el fantasma de una hambruna generalizada, la malnutrición y el descontento social a una escala sin precedentes”. El Programa Mundial de Alimentos calificó esta crisis alimentaria como la peor crisis en 45 años, y la describió como un “tsunami silencioso” que sumirá en el hambre a otras 100 millones de personas.

Detrás del hambre, detrás de los disturbios se encuentran los llamados acuerdos de libre comercio y los brutales acuerdos de préstamos de emergencia impuestos a los países pobres por las instituciones financieras como el Fondo Monetario Internacional. Los disturbios por el alza de los precios de los alimentos en Haití han dejado seis muertos y cientos de heridos, y condujeron a la destitución del primer ministro Jacques-Edouard Alexis. El reverendo Jesse Jackson acaba de regresar de Haití y ha escrito que “el hambre está en marcha aquí. La basura es cuidadosamente revisada en busca de cualquier resto de comida que pudiera haber. Los bebés lloran con frustración, intentando conseguir leche de una madre demasiado anémica para producirla”. Jackson pide la condonación de la deuda para que Haití pueda dedicar a escuelas, infraestructura y agricultura los 70 millones de dólares que paga cada año en concepto de intereses al Banco Mundial y otras entidades.

El alza del precio de los alimentos se atribuye generalmente a una “tormenta perfecta” provocada por la mayor demanda de alimentos por parte de India y China, la disminución de la oferta de alimentos a causa de las sequías y otros problemas relacionados con el cambio climático, el aumento de los costos del combustible empleado para cultivar y transportar los alimentos, y la mayor demanda de biocombustibles, que ha desviado cultivos como el maíz hacia la producción de etanol.

Esta semana, el relator especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, exhortó a suspender la producción de biocombustibles: “Quemar alimentos hoy para que sirvan a la movilidad de los países ricos es un crimen contra la humanidad”. Ziegler pidió a la ONU que impusiera una prohibición de cinco años a la producción de biocombustibles derivados de alimentos. El Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR, por sus siglas en inglés), un grupo de 8.000 científicos de todo el mundo, también ha lanzado críticas contra los biocombustibles. Los científicos están presionando para que un tipo de planta llamada “ switchgrass ”, un tipo especial de pasturas, sea usada como fuente para la producción de biocombustibles, reservando el maíz y otros cultivos comestibles para un uso exclusivamente alimenticio.

En una conferencia de prensa celebrada esta semana, el presidente Bush defendió la utilización de alimentos para producir etanol: “Lo cierto es que el hecho de que nuestros granjeros cultiven energía responde a nuestros intereses nacionales; a diferencia de tener que comprarla en partes del mundo que son inestables o en donde pueden no apreciarnos”. Una parte del mundo que sí aprecia a Bush y su política la forman las corporaciones multinacionales de la alimentación. El grupo internacional sin fines de lucro GRAIN acaba de publicar un informe llamado “Making a killing from hunger” (“Ganar fortunas gracias al hambre”). En el informe, GRAIN señala que las principales multinacionales están generando inmensas ganancias en medio de la creciente desgracia del hambre mundial. Las ganancias han aumentado para las gigantes de los agronegocios Cargill (un 86 por ciento), Bunge (un 77 por ciento), y Archer Daniels Midland (que se autodefine como “el supermercado del mundo"), la que ha disfrutado de un 67 por ciento de aumento de sus ganancias.

GRAIN escribe: “¿Se trata de una fluctuación pasajera de los precios? No. ¿Una escasez de alimentos? Tampoco. Nos hallamos frente a un desmoronamiento estructural, resultado directo de tres décadas de globalización neoliberal. […] Hemos permitido que los alimentos pasen de ser algo que da de comer a la gente y le garantiza su sustento vital a ser una mercancía expuesta a la especulación y al juego del mercado”. El informe afirma: “La cantidad de dinero especulativo invertido en los mercados de futuros […] era menor de 5.000 millones de dólares en el año 2.000. El año pasado trepó hasta cerca de 175.000 millones de dólares”.

En 1946 hubo una crisis mundial de alimentos. Entonces, al igual que ahora, la ONU formó un grupo para ocuparse del tema. En su reunión, el director de la Administración de Ayuda y Rehabilitación de la ONU, el ex alcalde de Nueva York Fiorello LaGuardia, declaró: “ Ticker tape ain’t spaghetti ” (“Las acciones bursátiles no son comestibles” 1 ). En otras palabras, el mercado de valores no da de comer a los hambrientos. Sus palabras siguen siendo ciertas hoy en día. Los que vivimos en Estados Unidos no somos inmunes a la crisis. Wal-Mart, Sam’s Club y Costco han impuesto límites a la compra al por mayor de arroz. Un número récord de personas depende de los cupones de alimentación y los centros de distribución de alimentos son testigos del aumento del número de personas necesitadas.

En el mundo de hoy existe la tecnología necesaria para alimentar al planeta entero de forma orgánica, local y sustentable. Los grupos de presión de las grandes empresas de la alimentación y la energía y el gobierno de Estados Unidos deben reconocerlo y cambiar de rumbo o los disturbios por los precios de los alimentos que ahora ocurren en lugares distantes llamarán pronto a sus puertas.

Nota del Traductor 1: “ Ticker tape ” es la cinta de papel que antiguamente se usaba para anotar de forma mecánica las cotizaciones de bolsa en tiempo real, y que salía del receptor/impresora como si se tratase de un spaguetti o tallarín continuo.

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Amy Goodman es la presentadora de Democracy Now! (www.democracynow.org/es), noticiero internacional diario emitido por más de 700 emisoras de radio y TV en Estados Unidos y el mundo.
© 2008 Amy Goodman
Versión en Inglés
traducido por: Ángel Domínguez y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

El problema es la seguridad alimentaria nacional

eltiempo.com Columnistas y Editorial
Colombia - Miércoles 7 de mayo de 2008

COLUMNA DEL DÍA

Aurelio Suárez Montoya

Cuando estaba en discusión el TLC con Estados Unidos, el entonces ministro de Comercio, J. H. Botero, ahora funcionario del Banco Mundial, escribió así para validar la inicua negociación pactada: "Burkina Fasso, un país pobrísimo, cuya renta per cápita es el 11 por ciento de la nuestra, hace bien en cultivar algodón, sorgo y mijo en exceso de sus propias necesidades de consumo para comprar en el exterior los alimentos que con tanta urgencia demanda". ¿Qué dirá ahora cuando en Burkina Fasso se están dando las peores huelgas por hambrunas? En esa misma tesis neoliberal insiste el Ministerio de Agricultura al decir: "El país está blindado ante la silenciosa embestida de la crisis alimentaria de nuestro tiempo" y argumentar que la balanza comercial agrícola es positiva, que la oferta nacional cubre el 90 por ciento de la demanda y que algunos importados "no son alimentos" porque se emplean en "sustento animal". Con tales sofismas se busca ocultar la grave realidad de la inseguridad alimentaria que vive Colombia.

La crisis de la comida ya llegó. Se expresa en el alza de sus precios en 7,15 por ciento de enero a abril. La inflación total de la economía es de 4,15 por ciento, cifra en la que pesan los alimentos, ya que el gasto de los hogares en ese renglón es el 33 por ciento de su ingreso. En los últimos quince meses, las harinas subieron 23,26 por ciento, las pastas, 32,54 por ciento, el pan 16,1 por ciento y los aceites 37,95 por ciento, todo lo cual tiene que ver con que en 1990 se producían 123 kilos de cereales por habitante y en el 2007 92, con que se importe el 65 por ciento del maíz, el 95 por ciento del trigo, el 99 por ciento de la cebada; la lenteja, el garbanzo y la arveja seca y el 33 por ciento del fríjol; con que sólo se produzcan 100.000 toneladas de sorgo y 50.000 de soya y con que el PIB agropecuario crezca mucho menos que el resto de la economía.

Ante la carestía, se llama a sustituir alimentos "caros" por "baratos", a reemplazar granos, cereales y oleaginosas por tubérculos, frutas y hortalizas, cuando es menor el poder nutricional de los segundos frente a los primeros. La papa y el ñame tienen tres veces menos calorías y seis y media veces menos proteínas que el arroz, y los granos poseen hasta 32 veces más proteínas que la uchuva. La crisis también traerá subnutrición al impulsarse el consumo hacia estos bienes sustitutos, que además subirán de precio, porque su oferta no reaccionará de inmediato a los desplazamientos de la demanda, lo cual ya ha incidido en el alza del precio de la papa del 71,5 por ciento en lo corrido del 2008.

Los hechos ratifican que la seguridad alimentaria entendida como que "toda la gente, en todo momento, tiene acceso físico y económico a suficiente alimento nutricional y en forma segura, con el fin de suplir sus necesidades dietéticas y preferencias alimenticias" sólo puede garantizarse si la prioridad es la producción nacional de alimentos, lo que es todavía más viable en países con posibilidades tanto para variedades tropicales como de clima templado, como es Colombia. Estados Unidos, desde la Ley Agrícola de 1933, definió como objeto "mantener precios razonables y estables de productos agrícolas a los consumidores, proveer una oferta adecuada de los frutos agrícolas para las necesidades domésticas y foráneas" y esto lo hace al costo que sea necesario, relevando los alimentos básicos y la fibra para vestuario.

Sectores afines al Gobierno están adoptando al respecto posiciones diferentes a las oficiales. "Es hora de que el Gobierno se concentre en el tema y trace un plan de mediano y largo plazo para garantizar la seguridad alimentaria en el país" (Revista Dinero) o que "para producir comida -que es de lo que se trata- haría falta un remezón de la estructura agraria..." (Editorial de EL TIEMPO). Por fortuna, parece estarse gestando un consenso: construir la seguridad alimentaria nacional, como lo ordena el artículo 65 de la Constitución Política, hasta ahora desestimado, y desechar el modelo alimentario de Burkina Fasso propuesto por J. H. Botero, porfiado en la entelequia de una supuesta seguridad alimentaria "global".

Aurelio Suárez Montoya

En enero se registró el peor crecimiento del comercio en los últimos cuatro años

Se derrumba la falacia de que la Seguridad Democrática de Uribe es el sustento del crecimiento económico. Están llegando los viento de la recesión norteamericana, pero nos golpeará un huracán.


eltiempo.com Marzo 25 de 2008

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Las ventas minoristas de alimentos y comidas cayeron 3,26 por ciento.

Expertos creen que el descenso en el consumo de alimentos y el decrecimiento en la venta de vehículos y la demanda de energía muestran que llegó la hora del aterrizaje de la economía colombiana.

Las ventas minoristas de alimentos y bebidas cayeron 3,26 por ciento, según el Dane.

Un análisis del Citibank dice que las cifras de producción industrial y ventas al por menor de enero proveen más signos de que el crecimiento está desacelerándose en busca de un paso sostenible.

"Sin embargo, ambas siguen creciendo a tasas por encima del promedio, lo que indica que el crecimiento total de la economía podría estar este año también por encima del promedio", agrega.

En enero, el comercio creció apenas 2,49 por ciento, mientras que en el primer mes del año pasado el crecimiento fue de 14,73. Se trata, de acuerdo con los analistas de Interbolsa, del menor aumento desde abril del 2004.

Al desagregar por grupos de mercancías sobresale la caída en las ventas de alimentos, que se redujeron 3,26 por ciento, lo que contrasta con el resultado de enero del 2007, cuando creció 5,66 por ciento respecto al 2006.

El nuevo dato oficial es un campanazo de alerta para los comerciantes, que aún no habían interpretado como preocupante el decrecimiento de las ventas registrado el año pasado.

Ahora, conocido el comportamiento del primer mes del año, se empieza a hablar de una contracción en la demanda por cuenta de las altas tasas de interés.

El presidente de Fenalco, Guillermo Botero, reconoce que la inflación "originada por factores internos y externos, y que ha afectado principalmente a la comida, desestimula la compra de alimentos". Sin embargo, advierte que "la inflación no se arregla con (el aumento de las) tasas de interés", las cuales afectan al consumidor y 'le dan garrote'al crecimiento.

Según él, las autoridades deberían considerar medidas como la reducción de los aranceles para importar alimentos o alivios en los precios de los combustibles, para que las compras no se resientan.

Para el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Rafael Mejía, la explicación de la caída está en que la gente ha tenido que reorganizar su canasta debido a la inflación. El dirigente gremial reiteró que los altos precios de los alimentos coinciden con una tendencia histórica en Colombia durante el primer trimestre del año, así como con fenómenos externos como la escasez y la presión al alza de los precios de algunos productos, la alta cotización del petróleo y el mayor precio de los agroquímicos.

La esperanza se centra ahora en que las promociones de marzo de las grandes cadenas puedan levantar las ventas, de capa caída en febrero como consecuencia de factores como el incremento de los precios y el agotamiento del cupo de las tarjetas de crédito durante el final del año pasado.

La industria, menos dinámica

La demanda de energía, un indicador para definir qué tan movida está la economía, aumentó 2,4 por ciento en febrero, el porcentaje más bajo de los últimos 12 meses. En febrero del año pasado había crecido 4,8 por ciento. La necesidad de electricidad en Colombia fue de 4.314 gigavatios/hora el mes pasado.

Según el Dane, en enero de este año la producción industrial -sin incluir la trilla de café- aumentó 5,68 por ciento. En enero del año pasado, el crecimiento fue de 15,18 por ciento.

La venta de automóviles va en bajada

Un análisis de Interbolsa advierte que las ventas de vehículos, que el año pasado constituyeron el 60 por ciento de todas las ventas al por menor, han sido negativas en los dos primeros meses de este año.

El último informe de Econometría destaca que en el primer bimestre del año las ventas decrecieron 4,7 por ciento frente a igual período del año pasado. Mientras que entre enero y
febrero del año 2007 sumaron 37.990 unidades, este año llegaron a 36.229. El impacto del encarecimiento del crédito es uno de los factores que se ven como causas.

Variación de los grupos de mercancías

Total del comercio minorista: 2,49%

Total del comercio minorista sin vehículos: 1,90%

CONSTANZA GÓMEZ G.
REDACCIÓN DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Precios suben en todo el mundo

Desde los campesinos ecuatorianos que subsisten con arroz hasta los magnates que piden los platos más refinados en Francia, en todo el mundo están aumentando los precios de los alimentos.

La merma en las reservas, inusuales fenómenos climáticos, los vaivenes de la economía, el alza en los precios del petróleo y la creciente demanda de China e India son algunas de las causas.

Las naciones pobres siguen siendo las más expuestas a las hambrunas, pero también hay protestas por el alza de los precios en lugares como Italia y Japón.

"Es poco probable que los precios vuelvan a los niveles de antes", expresó Abdolreza Abbassian, secretaria del departamento de granos de la FAO.

No obstante, se espera que los precios se estabilicen algún día. Los agricultores producirán más granos para alimentos y combustibles, y los precios bajarán. Esto ya está sucediendo con el maíz, en parte porque E.U., Canadá y varios países europeos tendrán cosechas más grandes.

De todos modos, la FAO calcula que los precios de los alimentos seguirán altos diez años más.

Los altos precios del petróleo son una de las razones, ya que hacen que aumente el costo de todo, desde los fertilizantes hasta el transporte. Una creciente demanda de carne y productos lácteos en países de rápido desarrollo, como China e India, hace que suban los precios de los granos (alimento de los animales de engorde) y de las materias primas de los biocombustibles.

Los aumentos afectan a casi todos los principales alimentos y a la mayoría de los países al mismo tiempo. No se salva ni E.U., donde los precios de los alimentos subieron 4 por ciento el año pasado, cuando registraron el alza más grande desde 1990.

Hacia fines del año pasado, 37 países enfrentaban crisis relacionadas con los productos alimenticios y 20 habían fijado controles de precios para esos productos.

En Egipto, donde el pan subió 35 por ciento y el aceite, 26 por ciento, el Gobierno propuso suspender los subsidios a los alimentos y reemplazarlos por ayuda financiera a los necesitados. El proyecto quedó en suspenso tras varias protestas. "Se está gestando una revolución de los que pasan hambre", afirmó Mohammed el-Askalani, de la organización Ciudadanos contra el Alto Costo de la Vida, que busca evitar el fin de los subsidios.

Los productos alimenticios subieron un promedio de 23 por ciento en todo el mundo entre el 2006 y el 2007, según la FAO. Los granos aumentaron 42 por ciento; los aceites, 50, y los lácteos, 80 por ciento.

MEXICO (AP)

El planeta entra en una crisis alimentaria sin prececentes

Como este niño hondureño, hay 800 millones de personas en el mundo en estado de desnutrición. Foto: AP
HACE POCAS SEMANAS, durante las elecciones presidenciales, millones de argentinos se sumaron a un boicot nacional para protestar por los altos precios del tomate, que en algunos casos sobrepasaban los de la carne. En México, el pasado verano, también fueron miles los que salieron a las calles para demandar el aumento de hasta un 60% en el costo del maíz, base para las populares "tortillas", que son fundamentales en la dieta de los habitantes del país azteca. En Italia, el paraíso de la pasta, los ciudadanos se declararon en "huelga de espaguetis" durante un día, ante la escalada del precio del trigo. En general, en Europa la mantequilla está 40% más cara.

Casos como estos se repiten alrededor del mundo, donde el valor de los alimentos más básicos ha ido creciendo inexorablemente a lo largo del último año. No es una casualidad. De acuerdo con un estudio reciente de la Organización para los Alimentos y Agricultura (FAO) de la ONU, el planeta está entrando en una crisis alimentaria sin prececentes.

Según la FAO, son varios los culpables: el incremento de los precios internacionales del petróleo, que ya superó la barrera de los 100 dólares por barril; agricultores que han abandonado el cultivo de cereales para entrar en el mercado de los bio combustibles, como en Brasil; las intensas sequías e inundaciones, y la creciente demanda de alimentos de países como India y China. El estudio asegura que todos estos factores se han ido amasando como una gran bola de nieve que provocará una hambruna generalizada, especialmente en países en vías de desarrollo. Aunque no lo dice, el informe apunta a que los conflictos del futuro estarán determinados por la escasez de comida.

Cada pieza en este gran ajedrez ha puesto su grano de sal. En algunos casos, verdaderas rocas. No hay duda de que la creciente demanda energética del planeta y los precios del crudo tiene mucho que ver. En lo que va del año, el barril de petróleo ha aumentado más de un 30%, y ha provocado el encarecimiento de los costos de producción y de transporte, un costo que ha sido transferido al precio final de los productos.

Este aumento, y el temor de que los carburantes basados en crudo son en parte responsables del calentamiento global, han disparado el mercado de los bio combustibles. Y por una razón muy económica. Aunque son más costosos de producir, los altos precios del petróleo los han vuelto competitivos. De allí que muchos agricultores que antes dedicaban su producción de maíz y arroz a surtir el mercado alimenticio, ahora la estén usando para copar el mercado de los bio combustibles. Otros están, sencillamente, cambiándose a cultivos como el de la palma africana, que también se usa para generar "oro blanco".

Estados Unidos, por ejemplo, vio durante 2007 cómo el 25% de su producción de maíz se tornó en alcohol para carros. De allí la furia de los mexicanos, que se vieron afectados en el precio de sus tortillas. La propia ONU, a través de su Relator Especial para la Comida, Jean Ziegler, describió recientemente el uso de alimentos para producir combustible como un "crimen contra la humanidad".

Los defensores anotan, no obstante, que son los altos precios del petróleo y no el incremento de la producción de bio combustibles los que están generando el alza en los precios de los alimentos. Además, señalan que así se contribuye a frenar el calentamiento global, pues es el reemplazo del mortal CO2 del crudo. Esto último plantea, de entrada, una gran ironía: que frenar el calentamiento global termine ocasionando una hambruna descomunal.

El caso es que prácticamente todas las regiones del mundo están registrando inflación relacionada con el costo de los alimentos de la canasta familiar (ver recuadro). Y lo que es peor: las reservas alimenticias del planeta se encuentran en su punto más bajo en 35 años, lo cual hace improbable que los precios caigan en el corto o mediano plazo. "En el pasado, este tipo de shocks en el mercado se había disipado rápidamente. Pero este no parece ser el caso ahora. La oferta y la demanda se han desbalanceado y para eso no hay un remedio fácil", dice Ali Ghurkan, analista de la FAO y uno de los autores del reporte, que concluye que la "situación podría deteriorarse aún más en los próximos meses".

La región más golpeada, sostiene la FAO, será el sur de África, donde muchos países dependen de energía y alimentos importados. Es decir, crecerán dramáticamente las tasas de malnutrición en un mundo donde ya 854 millones de personas, la sexta parte, no tiene suficiente para comer.

Como en muchos otros casos, de la crisis alimentaria también saldrán algunos ganadores. De acuerdo con el ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, Colombia, con sus grandes extensiones de tierra cultivable, se podría beneficiar si aumentan la demanda y los precios de los alimentos en el mundo. El país, dice, podría convertirse en exportador de maíz, trigo y arroz, por no hablar de los bio combustibles basados en caña de azúcar y palma africana. Eso probablemente es cierto, pero esconde el drama que acaba de pintar la FAO: un mundo en el que los más pobres no tendrán ni qué comer.

POR LAS NUBES

La inflación de los alimentos básicos es dramática. En China ha crecido 18%; en Estados Unidos y Latinoamérica, 10%. Solo en Brasil los alimentos costaron tres veces más en el primer trimestre de este año que en el mismo período de 2006. En la mayoría de países africanos, la inflación ha subido más de 25%. En algunas regiones la leche ha subido 200%, mientras que el maíz y el trigo promedian un incremento del 50%. En Rusia las alzas fueron tan agudas, que el Gobierno decretó una moratoria de los precios de la leche y el pan hasta enero. Pero todos saben que no es sostenible y que obedece más a razones políticas -las elecciones parlamentarias son ese mes- que a una acto de conciencia. Dice el informe de la FAO que, en total, el costo de la importación de alimentos crecerá a 745.000 millones de dólares en 2007, un 21% más que lo registrado en 2006. Para los países en desarrollo será aún más alto, casi un 25%, pues alcanzará los 233.000 millones de dólares.

Exportar gente e importar comida, saldo del TLCAN


El sector rural mexicano ha sido reformado drásticamente con resultados decepcionantes

29-10-07

Exportar gente e importar comida, saldo del TLCAN

Dirección de Comunicación Universitaria

El sector rural mexicano ha sido reformado drásticamente con resultados decepcionantes

Desde la comunidad de origen Zapoteca o Mixteca los indígenas tienen que enfrentar la discriminación del municipio, llegar a la ciudad de Oaxaca y estar excluidos por no saber español, vender sus artesanías al precio que les paguen, viajar a Veracruz a cortar café, ir a la Ciudad de México y trabajar en la construcción y luego a California para cortar uva; finalmente, tener tres hijos en el pueblo y dos en Estados Unidos, sostuvo Lynn Stephen, de la Universidad de Oregon.

Al impartir la conferencia magistral “Género, etnicidad y migración”, la académica afirmó que para los pueblos indígenas la migración ha sido un permanente salto de fronteras, durante el VI Congreso de la Asociación Mexicana de Estudios Rurales, A.C, “Encrucijada del México rural: Contrastes regionales en un mundo desigual”, celebrado en la región de Veracruz-Boca del Río, con apoyo de la Universidad Veracruzana (UV).

Agregó que los estudios han demostrado que los migrantes mexicanos tienen gran creatividad para superar las reglas de las fronteras: “No sólo aprendieron a cruzar las fronteras territoriales, sino también las del idioma y las culturales”.

La necesidad de subsistencia ha incluso permeado los roles tradicionales, cuando sobreviene la separación de las familias, los hombres y las mujeres han aprendido a dividir el trabajo para sobrevivir: “En este doloso proceso los migrantes viven condiciones de inequidad. Además de la separación, cada individuo debe sobrevivir para lograr un espacio fuera de la comunidad”.

Señaló que los zapotecos tienen un gran prestigio de mano de obra en California, pero igual se les reconoce en México y en la comunidad: “Aprendieron a manejarse como trabajadores indocumentados frente a la sociedad norteamericana, también son mexicanos cuando están en la frontera; y son zapotecos cuando están en su comunidad”.

Para la especialista, lo importante de los zapotecos es “ser mexicanos de los originales”; es “ser migrante pero organizado”. Su presencia en California ya traspasa nuevos espacios culturales. Han logrado -explicó-, renovar las relaciones entre grupos étnicos y la estructura social contemporánea.

Por su parte, Gerardo Otero, de la Simon Fraser University, ofreció la conferencia magistral “El régimen alimentario neoliberal: Políticas estatales y división del trabajo en América del Norte”, donde afirmó que los errores de la política estatal, el impacto de las biotecnologías y la nueva división del trabajo en América del Norte han afectado gravemente al campo mexicano.

Dijo que el Banco Mundial (BM) apenas este año de 2007 reconoció “que para los más pobres el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que se origina en la agricultura es cuatro veces más efectivo para levantar los ingresos de quienes están en pobreza extrema, que el crecimiento que se origina fuera del sector”. Añadió que con esta afirmación después de muchas décadas el BM acepta que los campesinos hacen grandes aportaciones económicas, además de su contribución a la cultura.

Criticó que los impactos negativos de la propuesta de integración entre Canadá, Estados Unidos y México no fueron iguales para los tres países “porque México contaba con mucho más población agraria que los dos nuevos socios. Tampoco los consumidores mexicanos tuvieron capacidad de elegir entre alimentos transgénicos y convencionales porque México no cuenta con una normativa de etiquetado”.

El investigador señaló que a pesar de su riesgo, los transgénicos son la tecnología más aceptada de la historia agraria mundial. Se cultivan 90 millones de hectáreas, 57 por ciento de soya, 25 por ciento de maíz, 13 por ciento de algodón y cinco por ciento de semilla de colza.

El también colaborador de la Universidad de Zacatecas, demostró mediante gráficas que mientras Canadá y Estados Unidos han afianzado sus intercambios comerciales, México pierde espacio en ambos países y su balanza comercial es negativa y desigual entre los productos agrícolas.

Otero afirmó que con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se ha dado una pérdida de la soberanía alimentaria; además, aseguró que los subsidios a la agricultura norteamericana, japonesa y europea, en tiempos de re-regulación de la agricultura (en enero de 2008 se abre la libre importación-exportación de maíz y frijol) hacen que una parte de la agricultura mexicana -la de los pequeños productores campesinos e indígenas- no pueda competir en los mercados. Los efectos negativos del TLC llevan al fin de la soberanía alimentaria y laboral.

Agregó que el saldo del TLCAN viene siendo exportar gente e importar comida: “Los resultado de las decisiones de la tecnocracia y TLCAN son que cada hora exportamos 30 campesinos que se van a EU; 388 municipios tienen pueblos fantasmas debido a la migración; importamos alimentos por 1.5 millones de dólares; 50 por ciento de lo que comemos lo compramos en el extranjero; y hay dos millones de empleos rurales perdidos en 13 años”.


fuente: El Golfo

Colombia: segundo país con mayor desnutrición en América Latina


La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), indicó que en América Latina cerca de 53 millones de personas se encuentran en estado de desnutrición, donde Colombia ocupa el segundo lugar con al menos 5,9 millones.


Walter Belik, coordinador de la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre, dijo en dialogo con Caracol Radio que la situación de desnutrición de latinoamérica es grave, pero que la meta es reducirla a la mitad en los próximos 8 años.

El objetivo se puede lograr, dijo el funcionario, gracias a la oferta y al suficiente abastecimiento de comida que tiene el continente. Sin embargo resaltó que la mayoría de países presenta una mala distribución de ingreso y falta de políticas públicas para acceder a la tierra y al agua.

Así mismo señaló que se debe mejorar la infraestructura de los Estados, la salud y la educación, con el fin de evitar la perdida de la productividad y la desnutrición de los niños en la primera infancia.

Finalmente dijo que hay optimismo en la reducción de la desnutrición latinoamericana, porque se ha visto un crecimiento económico en los ultimos cinco años, porque la oferta de alimentos es óptima y porque hay voluntad política en los programas de los gobiernos.

Bogotá, 16/10/07 (Caracol)


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