Las relaciones contemporáneas Estados Unidos-América Latina. Entre la ideología y el pragmatismo


Jorge I. Domínguez
De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2007


Resumen: Las relaciones entre Estados Unidos y América Latina se caracterizan por una combinación de rasgos ideológicos y pragmáticos. Los casos de las relaciones contemporáneas entre Estados Unidos y Venezuela, y del gobierno de Bush y el de Fidel y Raúl Castro sirven para ilustrar que hasta las diferencias ideológicas más profundas pueden obviarse con estrategias pragmáticas de beneficio mutuo.

Jorge I. Domínguez es titular de la cátedra Antonio Madero de Política y Economía Mexicana y Latinoamericana y vicerrector para Asuntos Internacionales en la Harvard University. Ha sido presidente de la Latin American Studies Association (LASA). Entre otras publicaciones, es compilador con Bung Kook Kim de Between Compliance and Conflict: East Asia, Latin American and the "New" Pax Americana, editado por Routledge.

Obama se equivoca

UN ERROR POLÍTICO

Sergio Muñoz Bata. Columnista de EL TIEMPO.


Decir que Ronald Reagan cambió a E.U. como no pudieron Nixon o Clinton, denota confusión u oportunismo.

En una reunión con la junta editorial del Reno Journal Gazzette, un periódico de línea conservadora en el estado de Nevada, Barack Obama unió su voz al coro de los candidatos republicanos para ensalzar las glorias de la presidencia de Ronald Reagan.

Según dijo Obama, "Ronald Reagan cambió la trayectoria de Estados Unidos, de una manera que ni Richard Nixon ni Bill Clinton pudieron hacer". Decir esto, en un momento en el que los republicanos buscan cobijo a la sombra de Ronald Reagan porque la popularidad del republicano que actualmente ocupa la presidencia anda muy a la baja (el último índice de aprobación de George W. Bush ronda los 30 puntos) no solo es síntoma de tendencias suicidas sino que denota confusión o un desaforado oportunismo.

En plena campaña por la nominación del partido demócrata a la presidencia, Obama se esfuerza por reinventar a Reagan como el presidente que cambió la trayectoria del país al inyectarle la "claridad, el optimismo, el dinamismo y el espíritu empresarial perdidos"... ¡durante la administración de un presidente demócrata, Jimmy Carter! Y remata afirmando que "sería justo admitir que el Republicano ha sido el Partido de las ideas en los últimos diez o quince años porque lograron desafiar el pensamiento convencional".

Por más esfuerzo que se haga para contextualizar sus declaraciones aclarando que su propósito era trazar un paralelismo entre el ambiente electoral actual y el que había en 1980, lo obvio es que Obama cometió un error político. Peor aún, también incurrió en un error de apreciación histórica al glorificar y universalizar el legado de Ronald Reagan.

Si bien es cierto que en sus ocho años de gobierno Reagan restauró el poderío militar estadounidense, el crédito que se le da por haber ganado la guerra fría es inexacto pues no toma en cuenta el proceso de descomposición interna del corrupto e ineficiente socialismo soviético.

Con sus grandes dotes de comunicador, Ronald Reagan logró radicalizar el conservadurismo del partido republicano y convencer a un sector de la población de una muy cuestionable superioridad moral de los estadounidenses aun cuando, según los líderes de la lucha por los derechos civiles, al defender "los derechos de los estados" Reagan de hecho apoyaba la segregación racial en el sur. Para el magistrado de la Suprema Corte de Justicia, Thurgood Marshall, Reagan fue un racista.

Sus recortes a los impuestos beneficiaron a los ricos, al tiempo que destruía las redes de asistencia a los más necesitados. Cuando Reagan tomó el poder en 1981, el déficit presupuestal del país rondaba los 74.000 millones de dólares, y la deuda federal era de 930.000 millones. En dos años, el déficit llegó a 208.000 millones de dólares, y para 1988 la deuda totalizaba 2,6 billones. En ocho años de Reaganomics, el país pasó de ser el mayor acreedor del mundo a ser el mayor deudor.

Mención aparte merecen sus mentiras para ocultar los pactos siniestros de la conexión Irán-Contra nicaragüense. Según una encuesta de CBS y The New York Times a un año de terminar su período la popularidad de Reagan había caído de 67 por ciento a 46 por ciento en el transcurso de un mes.

En lo que respecta al monopolio republicano sobre las ideas que Obama proclama, habría que dejar constancia de la aversión que Reagan sentía por los intelectuales y de su mínima afición a la lectura que en los dos últimos años de su presidencia, según reportes publicados en el Wall Street Journal y en Los Ángeles Times, llegó a niveles preocupantes porque según sus propios asistentes "el presidente no leía ni los breviarios que le preparaban y se ausentaba de su oficina para ver viejas películas de Hollywood".

Sergio Muñoz Bata

ESTADOS UNIDOS: ¿VÍCTIMA O GANADOR EN LA GLOBALIZACIÓN?

ESTADOS UNIDOS: ¿VÍCTIMA O GANADOR EN LA GLOBALIZACIÓN?
(Tercera parte)

Aurelio Suárez Montoya, La Tarde, Pereira, Enero 29 de 2008


En marzo de 2001 se declaró la recesión en Estados Unidos. La causa fue el desplome del valor de las acciones bursátiles de las compañías tecnológicas, en las cuales el beneficio por cada una de ellas, en relación con su valor, había superado las 30 veces.

Se había configurado una “burbuja” especulativa que se reventó. La receta para paliar el choque, incentivando la economía, fue bajar las tasas de interés a niveles inéditos en cuatro decenios (2%) y pese a ello a finales de ese año el desempleo llegó al 5,7%, la inversión bajó, el déficit comercial y el fiscal eran crecientes y el PIB disminuyó. Durante un trecho, hasta 2003, los signos de la economía más grande, responsable de la tercera parte de la producción mundial, fueron negativos.

El repunte, basado en tasas de interés en algunos casos inferiores a la inflación, propició, entre otros, el desarrollo de un sistema de construcción de vivienda, donde se involucraban estrechamente el sector financiero y el hipotecario. Según el FMI el valor de dicho mercado en 2003 era de 110.000 millones de dólares, de los cuales el 52% estaba en créditos otorgados a clientes de bajo riesgo, el 14% de categoría intermedia y el 34% restante en dudoso recaudo. Esas operaciones estaban ligadas a las entidades estatales de promoción de vivienda, las que durante años habían sido seguras debido a los sistemas de respaldo y aseguramiento del crédito. No obstante, el sistema comenzó a ser competido por reconocidas firmas privadas como Wells Fargo, Lehman Brothers, Bear Stearns, JPMorgan, Goldman Sachs y Bank of America. Con dineros venidos de las ganancias del petróleo, ese mercado hipotecario en 2006 creció a más del doble, a 258.000 millones, especialmente en el sector de dudoso recaudo, que ya era el 44% del total, el de primera categoría declinó al 26% y el de riesgo intermedio el 30%. En 2007 comenzó a crecer la cartera morosa hasta llegar en el tercer trimestre a más del 16% y decayó el precio de la vivienda, reduciendo el valor de las garantías de los préstamos.

Las pérdidas de capital y de liquidez de la economía con la consecuente restricción al crédito, que cobijan a varios anillos del sistema financiero, prestamistas y seguros de riesgo, que han garantizado contra las pérdidas a inversionistas por más de un billón de dólares en los denominados “derivados financieros”, rematan en una contracción de la demanda lo cual es mortal para una economía en superproducción como la norteamericana. El mayor banco estadounidense, el Citygroup, ha visto caer el valor de sus acciones en un 47% en el último año, el desempleo ya volvió a estar por el 5% y los precios promedio de la vivienda familiar cayeron en enero de 2008 por primera vez en cuatro décadas. Los remedios se han centrado en volver a reducir la tasa de interés, en inyectar capital, proveniente de Kuwait, Singapur y Emiratos Árabes a las empresas de finanzas, y en devolver liquidez, venida de fondos fiscales a inversionistas y a hogares para impedir el desplome de la economía. Este último “salvamento” se ha aforado en 150.000 millones de dólares. Joseph Stiglitz ha advertido que debe ubicarse en sectores de “gasto rápido” como en seguros de desempleo, en gobiernos locales para el gasto público, en presupuestos en educación y en la promoción de energía con bajas emisiones de carbono. Previene que Bush de nuevo aproveche para “cortar impuestos a los americanos de más altos ingresos” lo cual no es un “estímulo que estimula”.

La economía norteamericana padece uno más de los quebrantos propios de la crisis estructural de las economías capitalistas en su fase superior, la de superproducción. Va de burbuja en burbuja. Surgen “necesariamente”, como dice Carlos Marx en el III tomo de El Capital (sí Marx), “disonancias entre las proporciones limitadas del consumo con base capitalista y una producción que tiende constantemente a rebasar este límite inmanente”. Detrás de cifras y de datos, lo que subyace es el deterioro paulatino de la vida de millones de norteamericanos que han perdido su capacidad adquisitiva y del mundo colonial que en su conjunto ya no es capaz de aportar los niveles de tasa de ganancia necesarios para los financistas de las metrópolis. Con la guerra y la energía, éste es otro problema insoluble para el Imperio de la actual globalización, un asunto que intentó resolver sin frutos poniendo al orbe entero bajo su carpa.


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