La sensación que se vive en Colombia es que los temas de la agenda nacional ya no son los de la amenaza del paramilitarismo y las Farc, sino que estos se han convertido simplemente en el instrumento de política externa e interna, para el desarrollo de hechos mucho más complejos que nadie sabe hacia dónde pueden conducirnos.
El primero es el de las relaciones con Estados Unidos e Israel, por una parte y, Ecuador y Venezuela, por la otra. Es una réplica, en pequeño, de la Guerra Fría que se vivió hasta la caída del Muro de Berlín, cuando el mundo evolucionó del bipolarismo que alineó al mundo, entre el socialismo liderado por la Unión Soviética y, el capitalismo, por Estados Unidos.
Colombia ha ingresado de lleno al espacio de la confrontación, que no de la conciliación, con el acuerdo de permitir la utilización de las bases militares por parte de los norteamericanos, lo que es percibido por otros países de la región con gobiernos de izquierda, como el preludio de una agresión militar.
Para justificar este hecho, se desarrolla una guerra mediática para presentar a Venezuela y Ecuador como apéndices de las debilitadas Farc, a partir de hechos aislados y que se pretenden mostrar como parte de las políticas de Estado de esos países.
No podemos olvidar que Venezuela y, en menor medida, Ecuador, tienen un potencial petrolífero muy importante en la región y son estratégicos para la política energética norteamericana. Ahora surge un nuevo actor, a partir de la visita que realizará por primera vez en treinta años a nuestros países el Canciller de Israel, para tratar de equilibrar las relaciones en aumento de Brasil y Venezuela con su 'archienemigo' el Gobierno de Irán.
El segundo, es consecuencia del anterior y tiene una profunda influencia sobre la política interna nacional, ya no se trata tan solo de la 'Seguridad Democrática' de Colombia, sino de la 'seguridad regional' suramericana. Uribe y su Gobierno pretenden convertirse en el adalid en esta parte del mundo de la política, como parte de un 'círculo virtuoso' en la lucha contra el 'terrorismo'. Se juega al nacionalismo y a crear un 'Estado de Opinión' que haga inevitable su continuidad en el poder.
Frente a esta geopolítica, los diferentes actores nacionales se convierten en marionetas: los actores económicos ven deteriorar su situación, impotentes frente a las relaciones con los países vecinos, inquietudes que serían mitigadas con la aprobación del Tratado de Libre Comercio por intereses estratégicos de Estados Unidos.
Los actores políticos con multitud de candidatos y 'candidotes', ya no saben ni siquiera qué hablar o qué decir. Se quedan sin discurso y deberán limitarse a los nuevos temas de la agenda y, los actores sociales sin organizaciones fortalecidas, poco aportan a la discusión nacional. Los intelectuales, condenados a la misantropía: hablan, pero nadie los escucha.
¿Cuándo nos metimos en tamaño embrollo de una tramoya regional donde somos actores de reparto movidos por los hilos de una geopolítica de inmensos intereses? Mientras tanto, el 'gringo ahí', promoviendo los conflictos entre pueblos hermanos, simplemente para mantener estables sus intereses en la región. Yo no sé si es el camino a la locura. Por mi parte, debo confesarlo, llevo un semestre hablando solo.
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8/02/2009 05:18:00 p. m.
El rector de la UN, Moisés Wasserman, ha iniciado un proceso de discusión para construir el plan de desarrollo y ha entregado a la comunidad universitaria un documento para la discusión, titulado 'Hacia un Plan Global de Desarrollo para la UN de Colombia 2010-2012'. Los insumos para la redacción del documento son múltiples; sin embargo, sobresale la propuesta que como candidato a la rectoría, por segunda vez, presentó el rector, en un proceso lánguido y predecible, para finalmente ser reelegido por el Consejo Superior Universitario, en donde los representantes del Gobierno son mayoría.
El documento presenta la evolución de los principales indicadores de la U entre el 2004 y el 2008. Sin duda alguna, la UN ha cambiado desde que el rector Marco Palacios inició la secuela de reformas, que continúan con Wasserman. Las principales razones de los cambios se justifican con la retórica de la modernización del país: la globalización, las exigencias competitivas, la articulación con el Gobierno y con la empresa privada, etc.
Uno de los principales cambios ha ocurrido en los programas académicos. Mientras los programas de pregrado permanecen estancados en número de 94, los programas de posgrado aumentan a una tasa de 27,3 por ciento, al pasar de 238 a 303, lo que busca convertir a la UN en un centro de postgrados y de investigación.
Por otro lado, mientras en el 2004 tenía 40.451 estudiantes de pregrado y 3.855 de posgrados, para un total de 44.306, en el 2008 tenía 39.908 estudiantes de pregrado y 5.564 de posgrado para un total de 44.732. Un incremento de solo 426 estudiantes en 5 años. ¡Gran logro! Los estudiantes de pregrado permanecen, prácticamente, estancados con una ligera caída (-1,34 por ciento), mientras los estudiantes de posgrado aumentan significativamente, en 44,3 por ciento entre 2004-2008. Es decir, este es un resultado buscado y fundamenta el temor manifestado por los estudiantes de pregrado, desde el comienzo de la rectoría de Palacios en el 2003, de que los posgrados iban a crecer a costa de los pregrados. Y así ha ocurrido. Como conclusión, en este punto, la Universidad ha fallado estruendosamente en "acomodar" las demandas de los jóvenes colombianos, a pesar del enorme presupuesto, cercano al billón de pesos, con que cuenta. Sin embargo, Wasserman justifica esta situación con el dilema inexistente entre calidad y cantidad: "Lo que surge en este contexto nacional es la necesidad de repensar la educación superior de cara a la competencia internacional, pero sobre un modelo de educación para el desarrollo que se base en educación de calidad y no en un modelo de educación masiva sin orientación ni prioridades de desarrollo".
En su documento, Wasserman no plantea acabar con la dicotomía que existe en la UN. Por un lado, una U de pregrados, en estancamiento numérico, para estratos pobres en su gran mayoría, con matrículas bajas, con tasas de absorción muy bajas (es muy difícil ser estudiante de la UN en pregrado y la mayoría se queda sin cupo) y con currículos cada vez más recortados, en cursos y horas. Y, por otro lado, una U de posgrados, maestrías y doctorados, con altos costos de matrículas, que pueden ser costeadas por minorías privilegiadas y una tasa de absorción estudiantil del 50 por ciento, con espacios y equipamientos que no tienen los estudiantes de pregrado. En este sentido, mientras los estudiantes de pregrado son en su mayoría de los estratos 2 y 3 (77,3 por ciento), unos pocos de estrato 1 (6,5 por ciento) y de los estratos 4, 5 y 6 (13,9 por ciento), los estudiantes de posgrado deben ser en su mayoría de estratos medios y altos, aunque la UN no provee los datos.
Esta tendencia privatizadora, con altos costos de matrículas y acceso todavía muy restringido para la mayoría de los estudiantes colombianos, las directivas la han tratado de remediar con becas para los mejores estudiantes: "250 becas por semestre en los dos últimos años y medio", con una inversión de 5.000 millones de pesos por año. Para Wasserman, el programa de becas "no tiene precedentes en ninguna universidad del país". El programa de becas es bueno. Sin embargo, lo que se necesita es otro tipo de universidad, una U de posgrados con acceso por talento, pero gratuita o a precios de pregrado: con las matrículas basadas en la declaración de renta de los padres o estudiantes.
Tratar de mejorar la equidad social con becas, en esta sociedad con altos niveles de desigualdad y concentración de la riqueza, es como tratar de eliminar la pobreza con limosnas. Hay que construir una sociedad del empleo. En nuestro caso, es necesario construir una universidad de posgrados para todos los estudiantes.
Esta es la única manera como la reforma de los pregrados, con menos horas y cursos y un trabajo de grado menos exigente, puede justificarse. Es decir, si la mayoría de los estudiantes va a poder continuar sus estudios de posgrado. Pero si el pregrado es el grado terminal para la mayoría, como sucede hoy en día, cuando más del 95 por ciento de los estudiantes del pregrado no pueden continuar, en la misma UN o en otra institución los estudios de posgrado, no se justifica un pregrado recortado y de graduación rápida.
Sin embargo, el plan de Wasserman no tiene como objetivo producir este cambio.
* Profesor titular UN
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Organización Colombiana de Estudiantes - UNICESAR
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8/02/2009 05:17:00 p. m.
Con la expulsión de los estudiantes de la Universidad Tecnológica de Pereira, se pretende silenciar las denuncias contra la degradación académica de la educación superior.
Pronunciamiento de la OCE RISARALDA. Pereira, Julio de 2009.
En la reciente decisión de las directivas de la Universidad Tecnológica de Pereira, hay evidentes intereses políticos.
Tras conocer el fallo, es bueno precisar que desde el mismo comienzo de este asunto se violó el derecho al debido proceso, con la manera arbitraria como fueron escogidos, a “dedo” entre una amplia multitud, los estudiantes vinculados a la investigación. Igual sucedió en el transcurso del pleito, el cual presenta múltiples vicios jurídicos como omitir la presencia de los sindicados en las diligencias en las que recibieron las declaraciones de los testigos, negando el derecho de los estudiantes acusados a contrainterrogar a quienes testificaban en su contra.
Algo similar ocurre con las declaraciones de funcionarios de la Universidad donde se observan contradicciones a la hora de cotejar sus versiones, dejando un manto de duda sobre la veracidad de ellas, lo cual debe resolverse en favor del acusado, teniendo en cuenta el principio de presunción de inocencia. En contraste, se omiten testimonios de empleados del servicio de seguridad de la universidad, quienes afirman haber visto a algunos de los estudiantes implicados procurando impedir que se cometieran desordenes. No es de menor importancia que la firma del fallo se diera sin la presencia del rector Luis Enrique Arango (principal impulsor del proceso), siendo proferido por el funcionario encargado de la rectoría, una semana antes de la fecha del mismo.
De tal manera que por los asuntos aquí expuestos y otros de mayor gravedad hallados en los expedientes de los procesos, está claro que el material probatorio no da para llegar a la conclusión que tomaron las directivas. El veredicto no se ciñe a las normas del derecho, por lo que se confirma una vez más lo que hace rato es un secreto a voces: la decisión de expulsar los estudiantes posee evidentes intereses políticos que pretenden dar escarmiento a quienes, a través de las vías democráticas, han denunciado la alcahueta política de privatización de la educación pública implementada por el rector de la UTP.
Es bien sabido que los estudiantes Fernando Viáfara Banguera y Pedro Fernando Cruz son miembros de la Organización Colombiana de Estudiantes, OCE, misma que siempre, en todo momento y lugar, guardando consecuencia con sus principios programáticos, ha expresado su oposición al uso de artefactos explosivos, manifestaciones violentas o la intimidación a la integridad de las personas. Por ende rechazamos enfáticamente la expulsión de los compañeros.
Por último, instamos a la comunidad en general a rechazar la manera absolutista como el rector de la UTP viene cercenando los espacios democráticos en la institución, acudiendo para ello a formulas normativas que ajustan y manipulan a su amaño. No es gratuito que sectores que han optado por respaldar las luchas estudiantiles mediante mecanismos civiles y democráticos, hayan sido condenados por acciones que rechazan. Lo que busca la dirección universitaria es disponer de un chivo expiatorio que sirva para opacar la cada vez más inocultable política uribista que conlleva la degradación de la educación superior en Colombia.
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8/02/2009 05:15:00 p. m.

