Incertidumbre en programas de educación por resoluciones del Ministerio

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Oct 4/10 Maestros, facultades de educación, pedagogos e investigadores están haciendo un llamado a reflexionar sobre la formación docente en el país y las implicaciones que pueden tener en esta profesión las Resoluciones 5443 del 30 de junio y 6966 del 6 de agosto de este año.
Estas resoluciones, expedidas por el Ministerio de Educación del gobierno saliente, regulan la formación de maestros en Colombia, al definir el perfil del educador, los componentes básicos del currículo de una institución formadora de docentes y las áreas en las que las instituciones de educación superior pueden impartir sus títulos.

En concepto de algunos maestros e investigadores, la consecuencia inmediata de su aplicación es la eliminación de programas de pregrado orientados a la formación de profesores para la enseñanza en contextos específicos, tales como las licenciaturas en educación rural y comunitaria, o con poblaciones particulares como son las licenciaturas en educación popular, reeducación y pedagogía social. Las resoluciones proponen que sólo se desarrollen programas de pregrado en las áreas básicas de conocimiento y que dicha formación se dé a través de programas de posgrados.

De igual modo, consideran que tienen efectos preocupantes sobre el desarrollo del conocimiento científico de la pedagogía. "En primer lugar, las facultades de educación se convierten en instituciones que certifican competencias laborales para el "ejercicio docente" y preparan para los Ecaes (Exámenes de Calidad de Educación Superior) y exámenes de ingreso al servicio educativo. En segundo lugar, todo está circunscrito a la enseñanza y aprendizaje de los saberes y disciplinas escolares. Es decir, las instituciones formadoras de maestros son espacios para profesionalizar enseñantes de saberes y disciplinas con presencia en el currículo y que pueden ser evaluados en competencias básicas y profesionales. Nada más, nada menos", señalan los reconocidos profesores e investigadores de la Universidad de Antioquia Andrés Klaus Runge y Juan Felipe Garcés.

Para sus contradictores, las resoluciones simplifican y trivializan la docencia, profesión sobre la que en círculos académicos se tiene una preocupación: la disminución de egresados de facultades de educación y la salida próxima de un importante número de profesores que llegan a la edad de pensión.

Con el fin de aportar a la reflexión sobre la profesión docente desde diferentes organizaciones y sectores, la Asociación Colombiana de Facultades de Educación (Ascofade), el Instituto Innovación y Desarrollo Educativo en Formación Docente de la OEI y el proyecto Educación Compromiso de Todos realizarán el próximo 6 de octubre el foro 'Rutas para la construcción de una política pública de formación de docentes en Colombia".

El evento se realizará en la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República de 8 a.m. a 5 p.m, participarán el Viceministro de Educación y representantes de la Comisión Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (Conaces) y de la Federación Colombiana de Educadores (Fecode), entre otros.

¡Se me ocurre hablar de justicia!


Ronis Socarrás Soto, presidente Consejo Superior Estudiantil UPC.

Valledupar, septiembre 28 de 2010

La justicia es un tema que ha generado mucha discusión a través de la historia del hombre. Es quizás el tema de la conceptualización de justicia el que ha generado un sinnúmero de debates en distintos escenarios, culturas e incluso contextos sociales. Algunos dicen que la justicia es dar a cada cual lo que se merece, concepto que visiblemente reduce la complejidad del tema. En nuestra vida cotidiana, mucho de los sucesos que vivimos están atravesados por dicho concepto, aun cuando se emplea muchas veces de manera inadecuada. Es de mucha importancia preguntarnos, ¿para qué nos sirve la justicia? ¿Cómo se aplica? ¿A quién beneficia? Estos interrogantes son los que a diario, producto de hechos y situaciones en particular, nos hacen reflexionar para buscar respuestas.

Debemos recordar cuáles fueron los principales rasgos de justicia en la humanidad y determinar cuándo se estaba aplicando justicia o cuándo se hablaba o se discutía sobre ella. Era un asunto que involucraba al hombre. Se dice que en la antigua Grecia, personajes muy conocidos por sus aportes teóricos y prácticos dieron algunas pinceladas de lo que para ellos podía significar el término justicia. Incluso muchos de sus conceptos eran producto de sus costumbres, contexto social y cultural, recordando a su vez que una de las bases de la cultura es la costumbre.

Pero podemos ir más allá de esas posturas. En el texto Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels nos plantea las distintas etapas que vivió el hombre desde sus orígenes para poder desarrollarse y así lograr vivir en sociedad, lo que pasaba en esa época del hombre cuando era nómada, cuando no existía esa ambición por tener mayor propiedad que otro. Es decir, ¿si no existía propiedad privada o división de la tierra, en qué momento se podía hablar de injusticia? Recordemos que en esa época el hombre era dueño de todo y que se ajustaban sus condiciones de supervivencia a las condiciones inclusive climáticas.

Se hace menester trasladarnos un poco más atrás de los grandes de la tragedia y la comedia griega, quienes en muchos de sus versos nos dieron algunas pinceladas sobre la justicia. Se puede decir entonces que en la era de los presocráticos las discusiones giraban en torno a varios elementos de la justicia: de dónde emanaba, quién era el dueño de ella y la vinculación de las condiciones materiales dentro de ese contexto social histórico, así hasta que fue tomando forma. Considerados Homero y Hesíodo, dos de los más grandes, se puede notar una diferencia en ambos con respecto a uno de esos elementos anteriormente mencionados. Es evidente que mientras que para uno de ellos, el dios de la justicia era Themis, para el otro era su hija Dike, pero lógicamente existía una diferencia manifiesta en cuanto a las posturas asumidas por ellos a la hora de definir la justicia.

Homero planteaba que el hombre no estaba preparado para manejar la justicia, precisamente porque todos sus defectos vician de una u otra manera la divinidad de la justicia. Solo seres perfectos como los dioses, añade, están en capacidad de conducirla. Por otro lado, y en eso me identifico con la posición de Hesíodo, la base de la justicia es el trabajo, pues con trabajo se soluciona los problemas materiales que agobian al hombre. Lógicamente, debe ser remunerado de manera justa y equitativa. Aunque para Hesíodo la diosa de la justicia es Dike, esta, a diferencia de Themis, mantiene una vinculación con las masas, con el hombre, y en ese sentido se puede entender de manera más palpable a favor de quién se inclina la balanza. Pero es allí donde se empiezan a dar los primeros pinitos en cuanto a la transferencia de los dioses al hombre del manejo de la justicia.

En esta breve visita por la historia, de lo que pudo ser el concepto o significado de la palabra justicia, aparecen otros personajes muy conocidos y recordados por historiadores, como son Sófocles, los sofistas, Demócrito, Platón y el mismo Sócrates. Quisiera no ser tan irresponsable de tan solo citar a estos autores, quienes hablaron bastante de lo que significa el tema que estamos tratando, pero sí es necesario precisar el concepto de uno de ellos, tan importante como los demás, pero por su condición de ser más actual que los otros nos ocuparemos de citar algo sobre su posición.

Platón, ilustre pensador, hizo muchos análisis, propuestas y argumentaciones tendientes a esclarecer lo que para él era la justicia. Es así como podemos denotar que para Platón el término como tal va ligado a lo que era su ideal, lapolis. Para este pensador la justicia era pieza fundamental para lograr dentro de la polis armonía, paz, etc. Pero también se atrevió a hablar de los justo e injusto. En este orden de ideas, nos encontramos con otro filósofo, considerado por muchos el más grande, aunque por sus posiciones desde el punto de vista filosófico es, a mi juicio, uno de los mayores idealistas. También escribió sobre la justicia. Lógicamente, sus conceptos van ajustados a una realidad social que obedece a un contexto histórico en particular. En el trabajo realizado por Enrique Serrano, sobre la teoría aristotélica de la justicia, podemos observar varios factores importantes en esa investigación con respecto a la tesis de Aristóteles sobre justicia. Entre ellos cabe rescatar que el susodicho parte de que la legalidad implica la justicia, ya que las leyes introducen un orden que posibilita la convivencia y la aspiración de lograr una buena vida. El autor de esta frase nos revela que para Aristóteles existen diversos grados de justicia supeditados al tipo de sociedad de la que estemos hablando, es así como podemos decir que en el modelo de producción esclavista, la justicia está a un nivel distinto al que pueda regir en el modelo de producción capitalista.

Lajusticia nace con el hombre, con base en sus dificultades en el transcurso de su evolución como ser social y racional. Se le hace necesario dirimir conflictos que se presentan en ese transcurrir. Es una cuestión de intereses y de clase. ¿Cómo podemos concebir la justicia en una sociedad tan desigual como la nuestra, donde, mientras que unos se mueren haciendo filas y filas para poder ser atendidos por un médico, otros a través del soborno o servicios privilegiados, producto de los costosos pagos que su nivel económico les permite, se ahorran tales peripecias.

No se puede establecer de manera inamovible una definición real de lo que es justicia. Lo que sí se puede determinar es la necesidad de ella en determinada sociedad. Añoramos una verdadera equidad social, laboral, económica, sobre la base de la riqueza, donde todos podamos tener los mismos privilegios, con los que hoy unos pocos son los que gozan de ellos. “Algunos creen, que la pobreza y la ignorancia son cruces con capacidad de soportarlas y no las ven como una injusticia social por remediar” (Morris West, El abogado del diablo).

Un peruano con suerte

8 Oct 2010 - 10:37 pm

Julio César 
Londoño

Por: Julio César Londoño
ES DISCUTIBLE QUE VARGAS LLOSA sea un gran escritor. Lo innegable es que tiene una suerte enorme.No todo el mundo nace bello, rico y talentoso. Y no todo el mundo escribe a los 29 años La ciudad y los perros, una novela muy legible, escrita por un muchacho, sobre muchachos (los internos de un colegio militar) y para muchachos. Por eso nadie la lee hoy, ni siquiera los muchachos.

Ha tenido la fortuna de cometer incesto por lo menos dos veces (¡qué envidia!) y de surfear en la cresta de tres olas concurrentes: el boom latinoamericano, la fiebre mundial de la izquierda (a la que le sacó todo el jugo posible) y la afición europea por todo lo latinoamericano, desde libros hasta música folclórica, marihuana y artesanías.

Ha incursionado en todos los géneros con un éxito muy superior a la calidad de sus libros. Su teatro es más jarto que el teatro promedio. A pesar de que nadie lo ha leído, o tal vez por eso mismo, su libro de crítica, García Márquez, historia de un deicidio, es famosísimo. A Emir Rodríguez Monegal le dijo, sin temblarle la voz, que Tirant lo blanc era mejor que el Quijote.

Su único libro de cuentos, Los jefes, no le gusta ni a él, hasta el punto de que siempre se ha negado a reeditarlo.

Sus novelas fallan en la forma y en el contenido. En la forma, porque su prosa es gris incluso en los pasajes más pretenciosos: “Todos daban por descontado que Javier se graduaría con una tesis brillante, sería un catedrático brillante y un poeta o crítico igualmente brillante”. (La tía Julia y el escribidor, Seix Barral, 1997, p. 19). Difícil ser más opaco. Que se sepa, nadie ha encontrado hasta ahora en sus siete mil páginas un giro que nos sorprenda, un hallazgo verbal, una idea inteligente. Pero la mejor prueba de su fracaso es que no ha sido capaz de crear, luego de 16 novelas, un solo personaje memorable.

En sus contenidos hay demasiado sexo y política; y la política, se sabe, puede ser parte de la escenografía de una novela, no la protagonista, como sucede en casi todos sus libros. Hay que reconocer que el hombre nunca incurre en el panfleto (siempre decanta el asunto con una destreza casi tan buena como la que exhibe la Canción de Solentiname, de Cortázar) y que encontró una fórmula irresistible: socialismo, sociología, historia y sexo, literariamente adobados.

Varios críticos han señalado su obsesión por la palabra verga y quizá por la “cosa en sí”, como diría Kant, pero en realidad este es un vocablo pertinente en la literatura erótica porque pene y falo son sustantivos asaz flácidos.

El sexo es un tema novelístico, claro, pero V. Llosa es tan reiterativo que lo banaliza; lo agota. Se parece mucho a Alberto, ese “muchacho bien” de La ciudad y los perros que podía escribir un relato pornográfico diario para consumo interno de los cadetes del colegio militar.

¿Merecía el Nobel el peruano? La pregunta admite varias respuestas. Si consideramos que Murakami estaba entre los candidatos, hay que decir que V. Llosa volvió a tener suerte. Si nos atenemos al consenso de los hombres de letras, entonces fue merecidísimo. Si recordamos que lo han recibido Echegaray, Le Clezio y Elfriede Jelinek, entonces el Nobel es indigno de V. Llosa. Pero si recordamos que nunca lo recibieron Joyce, Kafka, Proust, Conrad, Tolstoi, Rilke ni Henry James, entonces, hay que decirlo, el hombre merecía la Orden Fujimori o la Cruz de Boyacá… ¡o ambas!

De buenas el hombre, qué duda cabe, pero también de malas porque compartir siglo y vecindario con Borges, Rulfo, Gabo y Neruda es el colmo de la mala pata. Por eso, por éstos, Marito siempre será, pese al Nobel, a su gloria y a sus grandes tirajes, un escritor de segunda fila del hemisferio austral.
  • Julio César Londoño


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