ESTADOS UNIDOS: ¿VÍCTIMA O GANADOR EN LA GLOBALIZACIÓN?

ESTADOS UNIDOS: ¿VÍCTIMA O GANADOR EN LA GLOBALIZACIÓN?
(Tercera parte)

Aurelio Suárez Montoya, La Tarde, Pereira, Enero 29 de 2008


En marzo de 2001 se declaró la recesión en Estados Unidos. La causa fue el desplome del valor de las acciones bursátiles de las compañías tecnológicas, en las cuales el beneficio por cada una de ellas, en relación con su valor, había superado las 30 veces.

Se había configurado una “burbuja” especulativa que se reventó. La receta para paliar el choque, incentivando la economía, fue bajar las tasas de interés a niveles inéditos en cuatro decenios (2%) y pese a ello a finales de ese año el desempleo llegó al 5,7%, la inversión bajó, el déficit comercial y el fiscal eran crecientes y el PIB disminuyó. Durante un trecho, hasta 2003, los signos de la economía más grande, responsable de la tercera parte de la producción mundial, fueron negativos.

El repunte, basado en tasas de interés en algunos casos inferiores a la inflación, propició, entre otros, el desarrollo de un sistema de construcción de vivienda, donde se involucraban estrechamente el sector financiero y el hipotecario. Según el FMI el valor de dicho mercado en 2003 era de 110.000 millones de dólares, de los cuales el 52% estaba en créditos otorgados a clientes de bajo riesgo, el 14% de categoría intermedia y el 34% restante en dudoso recaudo. Esas operaciones estaban ligadas a las entidades estatales de promoción de vivienda, las que durante años habían sido seguras debido a los sistemas de respaldo y aseguramiento del crédito. No obstante, el sistema comenzó a ser competido por reconocidas firmas privadas como Wells Fargo, Lehman Brothers, Bear Stearns, JPMorgan, Goldman Sachs y Bank of America. Con dineros venidos de las ganancias del petróleo, ese mercado hipotecario en 2006 creció a más del doble, a 258.000 millones, especialmente en el sector de dudoso recaudo, que ya era el 44% del total, el de primera categoría declinó al 26% y el de riesgo intermedio el 30%. En 2007 comenzó a crecer la cartera morosa hasta llegar en el tercer trimestre a más del 16% y decayó el precio de la vivienda, reduciendo el valor de las garantías de los préstamos.

Las pérdidas de capital y de liquidez de la economía con la consecuente restricción al crédito, que cobijan a varios anillos del sistema financiero, prestamistas y seguros de riesgo, que han garantizado contra las pérdidas a inversionistas por más de un billón de dólares en los denominados “derivados financieros”, rematan en una contracción de la demanda lo cual es mortal para una economía en superproducción como la norteamericana. El mayor banco estadounidense, el Citygroup, ha visto caer el valor de sus acciones en un 47% en el último año, el desempleo ya volvió a estar por el 5% y los precios promedio de la vivienda familiar cayeron en enero de 2008 por primera vez en cuatro décadas. Los remedios se han centrado en volver a reducir la tasa de interés, en inyectar capital, proveniente de Kuwait, Singapur y Emiratos Árabes a las empresas de finanzas, y en devolver liquidez, venida de fondos fiscales a inversionistas y a hogares para impedir el desplome de la economía. Este último “salvamento” se ha aforado en 150.000 millones de dólares. Joseph Stiglitz ha advertido que debe ubicarse en sectores de “gasto rápido” como en seguros de desempleo, en gobiernos locales para el gasto público, en presupuestos en educación y en la promoción de energía con bajas emisiones de carbono. Previene que Bush de nuevo aproveche para “cortar impuestos a los americanos de más altos ingresos” lo cual no es un “estímulo que estimula”.

La economía norteamericana padece uno más de los quebrantos propios de la crisis estructural de las economías capitalistas en su fase superior, la de superproducción. Va de burbuja en burbuja. Surgen “necesariamente”, como dice Carlos Marx en el III tomo de El Capital (sí Marx), “disonancias entre las proporciones limitadas del consumo con base capitalista y una producción que tiende constantemente a rebasar este límite inmanente”. Detrás de cifras y de datos, lo que subyace es el deterioro paulatino de la vida de millones de norteamericanos que han perdido su capacidad adquisitiva y del mundo colonial que en su conjunto ya no es capaz de aportar los niveles de tasa de ganancia necesarios para los financistas de las metrópolis. Con la guerra y la energía, éste es otro problema insoluble para el Imperio de la actual globalización, un asunto que intentó resolver sin frutos poniendo al orbe entero bajo su carpa.

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